Apelo
al buen sentido común y cívico de los que dirigen los noticiarios de televisión
y programas afines, para que hagan un alto en la carrera morbosa que han
desatado, exhibiendo sin pudor las escenas sangrientas que se corresponden con
víctimas de asesinatos y accidentes de tránsito.
La familia es agredida por estas
escenas que ni siquiera se hacen en planos amplios de cámara, sino cada vez en más
“extreme close up”, con lo que parece se busca ir adelante en la carrera por
complacer una seudo-vampiresca necesidad de esta sociedad, que ya no requiere
ver la sangre en televisión, porque padece el crimen en sí o en conocidos cercanos.
No es cierto que se logra concitar la simpatía y favor de la teleaudiencia
presentando tomas cerradas de balazos en el pecho que gotean sangre, piernas rotas o cadáveres lanzados en la “cama” de una sucia
camioneta, cual perros realengos envenenados, o el desgarrador llanto de una
madre ante el cadáver de un hijo asesinado. El seno del hogar, único refugio
donde la familia cree sentirse segura, no puede seguir siendo agredido por
estas escenas grotescas, generadoras de asco y gran nerviosismo, amén del trauma
que producen. Cualquier psiquiatra puede hablar sobre la consecuencia a
posteriori de ser expuestos a esta barbarie. Para conmovernos, con la
información basta. Por tanto, impongan un límite y apliquen la ética que les
caracteriza para manejar otros géneros noticiosos. Volvamos a este lado de la
delgada línea que hay entre la información y el morbo, porque este es tan frecuente
en la televisión, que poco a poco nos acostumbramos a una imagen casi natural de
lo trágico. Pronto, ni caso le haremos, y hacer indiferente a la sociedad ante
el crimen, sería grave. Apelo a un acuerdo común entre noticiarios y programas
del género, para detener esta vorágine perniciosa y sádica. Y nótese que no me
dirijo a institución gubernamental reguladora alguna, porque sería inútil, sino
a la responsabilidad social de los que dirigen esos programas.