Nos
aprestamos nosotros los dominicanos a celebrar los 200 años del nacimiento de
Duarte.
Podría decirse: ¿Quién pensaría que
aquel niño que nació un 26 de enero del año 1813 -doscientos años después-
sería celebrado como el Padre de la Patria? Por eso, detrás de cada niño, puede
haber una misión, se puede pensar que si los padres de Duarte hubieran buscado
eliminar a Duarte, abortarlo en ese momento, nos hubiéramos perdido del Padre
de la Patria, o hubiéramos tenido que esperar mucho tiempo para tener a otro.
La llegada de Duarte, la llegada de
la vida, la llegada de un niño, fue alegría para su familia, y fue alegría en
el Santo Domingo de entonces, pero para nosotros hoy es alegría del pueblo
entero, y se diría, del mundo entero.
Doscientos años después, los
familiares, los descendientes de Duarte se siguen alegrando del nacimiento de
su hijo. Qué importante es, que el niño que nazca se pueda desarrollar
adecuadamente; qué importante es hacer de la vida propia una misión -como hizo
Duarte- y esa misión implica sacrificio, renuncia, implica todo lo que Duarte
vivió: su fe en los destinos del pueblo dominicano.
Doscientos años después del
nacimiento de Duarte, los dominicanos todavía nos seguimos alegrando del
nacimiento de ese pequeño llamado Juan Pablo.
Hasta mañana, si Dios, usted y yo lo
queremos.