El
golpe de Estado parecer ser la fórmula ideal cuando las fuerzas con poder no
puede soportar el curso de los acontecimientos que van en su contra. En estos
tiempos ya hemos visto un golpe de estado institucional en Sudamérica que se llevó
por delante a un presidente.
En Venezuela, el calendario iba a
darle un golpe al
presidente Hugo Chávez.
Si no juraba a la presidencia en
enero, ¡pum! No pasó tanto, pero todavía se exhibe una fecha como
espantapájaros en sembradío. Tiene nombre propio el día del calendario sin
número.
En el país, la lucha interna perredeísta
(su proverbial adversario para llegar al poder), que intentó darle un golpe de Estado
a la presencia de la organización también se viste de fechas para derribar al
contrario.
Hipólito y Miguel han sido llamados
a encuentros pero resultaron ser citas de odio lo que dejaron entrever. Ambos hablan
como si fueran uno Aceite y el otro Vinagre. Los grupos que lideran fijan
eventos en el calendario, tienen por delante todo el espacio para el rencor,
pero ni un resquicio para el entendimiento. Vargas Maldonado ha logrado hasta el
momento tener ventajas por puntos en el intercambio de golpes. Mejía ha
perdido, pero sigue retador. Los árbitros han favorecido a su contrario que tiene
el título, tiene la corona y ha salido airoso a los embates verbales.
Sin embargo, Hipólito no ceja. Todos
lo reconocen como un adversario de cuidado. Con una habilidad inusitada logró boicotear
la reunión del Comité Ejecutivo del PRD que se iba a celebrar el sábado pasado.
Es imposible restarle méritos.
Con él no valen bicheros ni
chichorros. Es un cocodrilo que duerme con la boca abierta, por si acaso.