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MUCHACHOS CON DON BOSCO
La puerta de la fe
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Juan Linares, Sdb
jlinares@mdb.do

“La puerta de la fe” nos introduce en la vida de comunión con Dios y nos ofrece la entrada en la Iglesia, y esta puerta está siempre abierta para nosotros.

Los obispos de la Iglesia Católica nos han enviado un mensaje con motivo de la Virgen de la Altagracia, animando al pueblo dominicano a vivir el “Año de la Fe”. El objetivo de este año es muy claro: “Rescatar a la persona humana del desierto y conducirla al lugar de la vida; o lo que es lo mismo, darnos la oportunidad para que tengamos una auténtica y renovada conversión, no sólo personal sino también pastoral”.

Nos dicen los obispos: “Es la fe como combate contra lo que oprime y esclaviza; la fe que nos da razones para seguir amando y sirviendo a los demás; es la fe que cambia nuestros criterios de pensamiento y de acción y nos hace criaturas nuevas; es el estilo de vida que nos ayuda a superar el individualismo y el consumismo, para introducirnos en la comunidad que se llama Iglesia” (No. 4).

“Este año de la fe es una buena oportunidad para que los cristianos y los hombres y mujeres de buena voluntad, nos detengamos, reflexionemos y miremos el rumbo de nuestra vida y el de la sociedad, con sus luces y sombras, para que hagamos una auténtica y renovada conversión al Señor; de modo que podamos confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza, y así podamos movilizar la sociedad hacia nuevos valores de justicia, de convivencia fraterna y de desarrollo...” (No 5). La fe es la fuerza transformadora más potente que tenemos, y por esto, este Año de la Fe puede ser fundamental para nuestro pueblo dominicano, para nuestra familia y para nosotros mismos. Es la fe en Jesucristo, el Maestro por excelencia, sin el cual no hay salvación.

Necesitamos la fe porque tenemos, como en el tiempo de Jesús, “las mismas samaritanas multiplicadas, que necesitan del agua que salta hasta la vida eterna; tenemos los mismos usureros y cobradores de impuestos como Zaqueo y Leví, que necesitan una mirada amorosa del Señor y una llamada sincera que les diga ¡sígueme! También tenemos los mismos ciegos, sordos, leprosos y tullidos por miles, que necesitan la mano amiga del Señor y de sus discípulos que les ayude a ver, a oír, a curarse y a caminar. También hoy tenemos los mismos fariseos, hipócritas que solo sirven para criticar, engañar y mentir; y esos necesitan la voz firme del Señor y de sus discípulos que les diga sepulcros blanqueados, serpientes, raza de víboras, que solo sirven para aparentar y simular y no son capaces de prestar su ayuda y colaboración a los demás” (No 27).

Si aceptamos el don de la fe hemos de asumir los desafíos que nos vienen con ella. Hay que hacer frente al deterioro familiar, a la delincuencia, a la inseguridad, al narcotráfico, a la criminalidad, a la corrupción, al individualismo, al consumismo... Hermosa tarea la que tenemos.

 

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