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EL CORRER DE LOS DÍAS
Memorias e inmortalidades
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Marcio Veloz Maggiolo

Hacia un desperdicio de la ética

Si no hay memoria, no hay “inmortalidad”. Es lo que parece sugerir el hecho permanente de que creamos en la posibilidad de inmortalizar a seres que según el criterio humano merecen ser recordados con un halo casi sagrado o bien tan ligado al recuerdo que es imposible de desplazar. La inmortalidad es un espacio de la memoria en el que persisten hechos memorables, por lo que es, al fin y al cabo, un rescate del pasado que nos atañe. Todo recuerdo es la memoria fermentando cuando ello se hace necesario para los investigadores de cualquier laya.

En la mayoría de las ocasiones la búsqueda de una inmoralidad basada en valores culturales o religiosos, es una especie de intento de preservación de lo que hemos sido, y cuando es el hombre quien aún a través de lo que considera la divinidad, juzga y premia, la memoria  es un argumento que intenta donarnos una inmortalidad de acento muy personal.

El pasado va desde la memoria personal hacia la colectiva como una forma de supervivencia de lo vivido. ¿Hasta dónde podemos concebir la inmortalidad cuando sus valores pueden ser revisados? ¿Hasta dónde la misma es cierta cuando exista un momento en el que la misma puede ser revocada? ¿Hasta dónde, en el caso de lo religioso la “memoria”, ya coagulada en tradición, puede ser un invento que influye sobre grandes poblaciones?  

Numerosos seres inexistentes son parte de una memoria vicaria  perpetuándose e influyendo en los calendarios considerados sagrados o laicos apostando a valores negativos o positivos. Sabemos que luego de siglos muchos santos fueron descolgados de sus marcos  y siguen siendo parte, a pesar de ello, de la fe que los lanzó como figuras auténticas de la tradición que los contuvo. Sabemos que grandes mitologías históricas siguen siendo parte de creencias que aun perviven y dan como resultado la imposibilidad  de desmitificar.

Mircea Eliade ha tratado profundamente estas realidades. ¿Tiene la inmortalidad aceptada los mismos valores para épocas diferentes? ¿Cómo y sobre qué bases cambian los argumentos de la inmortalidad? Las inmortalidades del mundo griego o romano no son las mismas. Se parecen. El dios griego de la guerra, el fuego y los metales, Hefestos, y convertido en Vulcano por la cultura romana, es otro con características del pasado que lo produjo. Las valoraciones del romanticismo alemán o francés en  parte se esfumaron dejado huellas dentro de los caminos de la historia en o para las que fueron creadas.

Muchos de los temas del cristianismo montados sobre la gerencia de valores morales con otra visión de la inmortalidad persisten con apreciaciones diferentes marcados por cambiantes ideas que vienen desde el siglo II, cuando las interpretaciones generaron cientos de sectas. En nuestro caso la idea de lo inmortal se mueve entre los valores judaicos y cristianos. Hay religiones y creencias con una valoración de la inmortalidad con argumentos diversos para concebirla. Podríamos afirmar que ciertos grupos islámicos y de varias culturas orientales  “practican” una inmortalidad considerada como posible con el sacrificio de la vida basado en ideas cargadas de fatalismo. Existen inmortalidades en desuso; otras han sido olvidadas para curar errores y equivocaciones. En el vasto almacén de las inmortalidades hay de todo, pero fundamentalmente deseos de permanecer de algún modo.  

No es el ser humano el que puede inmortalizar en una especie de juego fantasmagórico aquello de lo que supone que tiene la totalidad de los hechos, con la conciencia de que el método se basa en una realidad funcional.

Los dioses, si es que pueden por lo menos sonreír, lo hacen frente a nuestro atrevimiento. ¿Pueden estar nuestros juicios exentos de pasión? Sin dudas nuestras creencias movidas por esa pasión son en verdad el soporte de nuestra idea de la inmortalidad. Hasta dónde nuestra probidad de comisionados de cualquier ética puede hacer que la memoria se mantenga intacta y alcance el grado de la certidumbre? La memoria como la propia historia del género humano es siempre provisional. ¿No es mejor buscar otra titulaciÚn que la de inmortalidad para no ofender la memoria misma?     

Creo que el altar de los recuerdos es suficiente para colocar allí a los “recordables”. La tendencia humana nos lleva a pensar que la inmortalidad pertenece sólo a los que usaron de valores recordables y ejemplares. Pero personajes históricos con características suficientes entraron en la memoria universal sin ser realmente candidatos a un tipo cualquiera de inmortalidad ideada por el ser humano. Las acciones del hombre, buenas o malas, llevadas al tope de lo recordable,  merecen o no merecen los valores de la inmortalidad inventada por la admiración.

Ahora asistimos a una confusa de valoración de lo negativo que llena páginas de diarios, revistas, spots de televisión, programas radiales, donde la delincuencia y la vida de farándula, entre otros, parecen ser más importantes que la moral, y las viejas o nuevas éticas que nos hablan de un desarrollo humano de la decencia, capaz de ser sostenible. Las creencias del hinduismo hablaban del llamado “linga sharira”, el deseo casi irreprimible del cuerpo de gozarlo todo. El llamado de la materia corporal hacia el goce, cualquiera que éste sea.

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