Hay que manejarse cautelosamente con esto de Loma Miranda, porque, aunque muchas voces responden a convicciones reales y están dispuestas a entregar hasta su vida con tal de que la montaña no sea explotada, muchas otras pertenecen a chantajistas-oportunistas. Por tanto, coja una pinza para elaborar un criterio justo.
Le temo a los comunicadores que quieres pescar en río revuelto, tal como ocurre con lo de la Barrick, donde bajo la vestimenta de una supuesta gran preocupación por el patrimonio nacional, a muchos se les ve la enagua del afán por conseguir unos millones de pesos.
Creo que junto a la compra de las 22,000 tareas en Loma Miranda, el Estado, como accionista de la minera, debe haber conocido y exhaustivamente ponderado ese plan de explotación. ¿Se evaluó? No lo sé.
Pero lo que no es admisible es que, luego de permitida la compra, un tribunal ordenara el acceso libre a ese terreno por parte de terceros, en violación al derecho constitucional de propiedad. Evidentemente se manejó mal y ahora queremos resolverlo con un pleito machete en mano.
El Gobierno, presionado por Xstrata Nickel y por sectores de opinión pública en fuerte confrontación, puso el asunto en manos del PNUD, quien revisa los estudios de impacto socio ambiental.
Fueron sus técnicos los que emitieron el voto en contra de la instalación de la cementera en Los Haitises, opinión determinante para que se abandonara el proyecto. Si fueron buenos y confiables para aquello, deben serlo para esto. En consecuencia, no entiendo por qué, sin conocerse el veredicto, se escuchan voces coreando que “no importa lo que digan, lo de Loma Miranda no va y vamos a formar un ejército civil de vigilancia permanente para que eso no ocurra”.
Desconozco cómo se han manejado las mineras respecto a su responsabilidad medioambiental. Solo oigo voces diciendo que los antecedentes arrojan un balance negativo. ¿Cuál es la verdad de todo esto? ¿Quién tiene la razón? ¡Que hable la experticia independiente!