ASUNTO DE CLASE.- Hipólito Mejía dijo que Miguel no podía expulsarlo y menos Fiquito, refiriéndose al presidente del partido, apellido Vargas, y al responsable del Consejo de Disciplina, Rafael Vásquez. La reacción no debe sorprender, aunque sí deben resaltarse tres aspectos. El primero es personal. Habla de Miguel y de paso menciona a Fiquito, sin reconocer ni atribuir las calidades de ambos dirigentes. El segundo es de clase. Ese “y menos Fiquito” es discriminatorio, pues da a entender que lo grave no es la expulsión, sino que lo hiciera alguien que se llama Fiquito. Es decir, que el problema es de condición social. El tercero es institucional. Mejía no se da por enterado de que fue juzgado, no por una persona, ni siquiera por un presidente, sino por un organismo que estatutariamente puede hacerlo. Entonces, lo de Miguel y Fiquito no vale, pues en caso de que recurriera la acción, será contra el órgano y no los ejecutantes. Fiquito es subsidiario, la verdadera autoridad es el tribunal, y cuya instancia no puede demeritar, puesto que se acreditaron abogados a su nombre...
LA EXCESIVA LEGALIDAD.- Este punto es importante porque los perredeístas, ante la dificultad en encontrar una salida, se vuelven contra el partido y quieren subvertir los organismos. Ningún partido tiene más instancias que el PRD, y lo grave no es eso. Lo grave es que en vez de solución, se constituyen en problema. Por ejemplo ¿para qué sirve un presidente en funciones si el titular ejerce su cargo a plenitud? Sin embargo, Andrés Bautista rivaliza con Miguel Vargas, en vez de ser su alter ego. Ahora se habla mucho de convocar la Comisión Política, y en ocasiones del Comité Ejecutivo Nacional, pero durante un tiempo la principal fuente de decisión fue un corro de vicepresidentes llamado Presidium. O la Consultiva. El resultado no puede ser otro que un caos. Cada entidad existe en desmedro de otras, y al final ninguna cumple cometido. Lo del juicio no es la excepción. Lo promovió una Comisión de Control, lo asumió un Fiscal Nacional y lo realizó un Consejo de Disciplina. Todo eso, bueno o malo, es PRD. Ninguna organización tiene mayor blindaje legal, aun cuando sus inconvenientes son de orden personal, o institucional, o político...
ESA ES SU LABOR.- Los perredeístas del bando de Hipólito Mejía se quejan de la presencia de la Policía Nacional en los alrededores de la Casa Nacional el pasado lunes. Incluso, lo atribuyen a la intromisión del gobierno en sus asuntos. La verdad que si no hubiera sido por esos contingentes, que frenaron esa masa airada, tal vez ese local no existiera hoy. Donde se junte mucha gente, con los fines que fueren, el orden público corre riesgo, y es tarea de la PN preservarlo. Con las medidas que sean de lugar. ¿Bombas lacrimógenas? Bombas lacrimógenas. Pero sí quede claro. La Policía no solo fue a cuidar la Casa Nacional de la embestida de una facción, sino a defender a los perredeístas de sí mismos. Hubo mareados, pero no heridos. Algunos se extrañan de que las tropas llegaran primero que los manifestantes, y no solo lo hacen por perversidad, sino también por ignorancia. No se enteraron de los llamados que se hicieron por las redes, ni tampoco saben que las autoridades siguen atentas todo lo que se dice por esos medios. El vocero, por lo menos, adelanta las informaciones oficiales por esa vía...
NO AFECTA NADA.- Los perredeístas se resienten de que los poderes públicos están en manos del gobierno, considerando la situación una inequidad, como se dice ahora, y expresión de la dictadura de un solo partido. Incluso, en esa percepción encuentra apoyo en determinados grupos de la sociedad civil. No obstante, en la actual circunstancia es lo mejor que pudo haber ocurrido. Los perredeístas se las cantan y se las lloran en esos órganos, sin que sus desafecciones internas, sus luchas interminables, afecten el orden y el funcionamiento de esas instancias. En la Suprema Corte de Justicia hay perredeístas, pero esos no pueden hacer nada por subvertir el principal tribunal del país. Como tampoco pueden hacerlo en otras altas cortes. Estos órganos sirven y arbitran situaciones del partido blanco, pero no se alteran con sus vaivenes. Y no siempre fue así. Nada más hay que recordar cuando el antagonismo era entre Salvador Jorge Blanco y Jacobo Majluta, cuyas tensiones fueron causa de preocupaciones mayores. Los riesgos no era cosa de un partido, sino del propio establecimiento...