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27 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 12:46 PM
Puntos de vista 8 Diciembre 2012
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En apoyo de nuestras artesanías
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Manuel García Arévalo

Resulta alentador ñen la presente coyuntura económica mundial matizada por signos de recesión en Europa y lenta recuperación en EEUUñ el fuerte compromiso que ha asumido el gobierno del presidente Danilo Medina en apoyo de las micros, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES). Con el propósito inmediato de desarrollar el gran potencial que posee este amplio sector productivo, que constituye en la actualidad, según cifras de la CEPAL, el 47% de los empleos de América Latina y la región del Caribe, lo que equivale en el caso de República Dominicana a dos millones de puestos de trabajo. Que no es “paja de coco”, como decían nuestros mayores.

Dentro de este contexto, a las artesanías dominicanas habría que concederles un espacio prioritario en el programa de relanzamiento de las MIPYMES, por la función que ejercen los productos de arte popular como fuente de empleo y generación de divisas, conectando por esta vía con otro objetivo del programa de gobierno: vincular aun más el turismo con la producción local. Además de ser un medio idóneo de expresión por excelencia de nuestra identidad cultural. 

Las artesanías dominicanas se encuentran en una etapa de repunte ante las oportunidades que ofrece la demanda de casi cinco millones de turistas que visitan anualmente nuestro país. No olvidemos que los visitantes extranjeros se sienten atraídos por las manualidades autóctonas que reflejen las imágenes y el colorido del entorno tropical y caribeño. Los turistas encuentran en las artesanías la expresión popular de una arraigada sensibilidad estética como manifestaciones culturales diferentes a las existentes en sus países de origen. Por eso, los objetos artesanales distintivos de un país o región son adquiridos con tanta frecuencia por ellos, como recuerdos de una grata experiencia de viaje o bien como suvenir para obsequiar a sus familiares y amistades.

Por otro lado, existe una demanda originada por el dinámico mercado inmobiliario, a cuenta tanto de nacionales como de extranjeros residentes, quienes prefieren decorar sus viviendas con muestras de artesanías. Evidenciando una creciente predilección por la moda de objetos folklóricos, de factura tradicional, que acentúan la originalidad del decorado imprimiéndole un carácter vernáculo.

Sin embargo, no hay que olvidar que el sector artesanal como parte sustancial de las MIPYMES, requiere asistencia en capacitación, facilidades de financiamiento, entrenamiento en control de calidad y renovación de diseños. Así como orientación adecuada, en el marco de una política de incremento de las exportaciones hacia los mercados étnicos y la presencia de los productos dominicanos en las ferias artesanales internacionales.  

La artesanía, con toda su riqueza y expresividad, es una simbiosis de cultura y desarrollo, de creatividad y producción, de promoción turística y expresión de lo mejor de la dominicanidad. De modo que, al unir el talento y la laboriosidad de nuestros artesanos con la acción de una política de asistencia técnica, administrativa y financiera, coordinada de forma conjunta por los ministerios de Industria y Comercio, Cultura y Turismo, podríamos concretar el llamado presidencial para poner “todos juntos manos a la obra”. Para de este modo hacer también con la artesanía criolla “lo que nunca se ha hecho”.  

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