FUERA DE CÁMARA

¡Periodistas de mi época y las canastas…!

César Medina

Los hermanos Herasme –Don Yiyo, Silvio y Emilín–, Radhamés, Ayuso, K-Bito, Miguel Hernández, Estrella Veloz, Sigarán, Romero Rojas, Mario Emilio, Guarionex, Franjul, Obando, Aníbal y el innombrable eran, entre muchos otros, los periodistas de aquella época en que nos veíamos reflejados quienes empezamos un poquitín más tarde, en la misma época, pero poco tiempo después.

Virgilio Alcántara era también de ese tiempo, pero era el director de Ultima Hora, a quien yo ni por asomo tuteaba; Silvio, jefe de Redacción de El Nacional, era su compañero de promoción y ambos habían agotado una breve y enriquecedora experiencia como reporteros del Listín.

Gregorio García Castro –el querido e inolvidable Goyito– llegaba con su enorme talento de la postrimería del trujillismo, pero de mente liberal y avanzada como pocas en aquella época. 

Es el periodismo que abrió escuela en la Universidad Autónoma o que llegó de las corresponsalías de los pueblos, en especial de Santiago con el propio Goyito, Radhamés Gómez Pepín, Juan José Ayuso, los hermanos Lora –Junio y Huchi– Bolívar Díaz Gómez y otros.

Eran tiempos difíciles aquellos. No solo por los riesgos del ejercicio--consustancial a este oficio en cualquier época y en todas partes del mundo--, sino por las precarias condiciones laborales, en especial los bajos salarios que nos obligaban al pluriempleo.

Cuando ingresé como redactor de Ultima Hora, al mismo tiempo era reportero de Radio-Cadena Informativa, de la HIZ, y administraba el cine de San Cristóbal... Y era apenas un muchacho de veinte y pocos. 

Además, “picoteaba” con Julio César Martínez en la Revista Renovación y era corresponsal de una revista mensual caraqueña, tinta en sangre...

Entre todos esos empleos juntos, no llegaba a ganar 500 pesos mensuales. Pero en esa época el dinero rendía y el tiempo alcanzaba para todo, hasta para tener novia y casarme y formar familia.

Hablo de casi medio siglo atrás... Cuando éramos “felices e indocumentados” y los periodistas teníamos en común una sola cosa: Las canastas navideñas.

Navidades y regalos
En esos tiempos la “ética periodística” sólo admitía regalos a los periodistas en época de navidad. Y no estoy del todo seguro, pero es probable que fuera para entonces cuando se inició la distribución de canastas en los medios de comunicación.

Las canastas eran regalos muy vistosos porque se enviaban a los medios –ahora la mayoría se envían a las residencias de los periodistas– y había colegas “vaineros” que las acumulaban en la redacción hasta terminar el día para entonces llevárselas a la casa.

Con las precariedades propias del ejercicio periodístico de entonces, las canastas eran muy bien recibidas gracias a la laxitud del rigor ético por la época navideña, en especial porque en esas canastas los reporteros más humildes –que éramos todos– comenzamos a conocer marcas de escoceses, vinos y licores y golosinas importadas.

Por cubrir las principales fuentes noticiosas en aquellos inicios de la década de los años 70, Goyito, Guarionex Rosa, Aníbal de Castro y el innombrable eran quienes recibían los mejores regalos y el mayor número de canastas, pero al resto también nos tocaba aunque fuera colita. 

Goyito era muy generoso compartiendo sus regalos con los menos afortunados. También, Guarionex y Aníbal. No tanto Virgilio... Y el innombrable –tan socialista él–, nunca, jamás...

Es por esto que las canastas navideñas se asocian tanto a los periodistas. Porque siempre son bien llegadas y a nadie se le ocurriría pensar –ni siquiera a los más maliciosos, que los hay– que detrás de esos regalos existe algún tipo de soborno, extorsión o “compra de conciencia”.

Como “muela de gallo”
Me cuentan que este año las canastas navideñas escasearon como nunca antes en los últimos 50 años... Que la austeridad causó estragos en la redacción de periódicos, emisoras de radio y canales de televisión.

Ayer hablaba con un viejo colega de mi época del 1970 en Última Hora... 

“Una sola canastica recibí este año...”, me dijo. 

“Tan pobre y escuálida como la que nos mandaba con tanto cariño y sacrificios el amigo Barbarín Mojica (que en paz descanse) de Poasi, hace más de 40 años...”

“Esto ha sido un atentado contra nuestra felicidad navideña... Sólo tarjetas, muchas tarjetas...”, me comentaba otro que me llamó a Madrid alarmado por la enorme sequía.

“Hasta Luis el Gallo se desapareció con todo y villancicos, el jengibre y el casabe...”, me dijo Luisín Mejía.

¿Y que austeridad tan austera es esta...?

¡No hay derecho!