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Los malos vecinos
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Santiago Estrella Veloz
santiagoestrella2000ahoo.com

Ignoro si a algunos de los lectores de este medio de comunicación les ha tocado vivir soportando a malos vecinos, que son aquellos “inhóspitos”, como dice mi esposa Altagracia Lora, porque parece que no están acostumbrados a socializar con los demás. 

Hace tres años, vendimos nuestra residencia en la avenida principal de Manoguayabo, porque el continuo tránsito vehicular, de día y de noche, no nos dejaba descansar, aparte de que era un peligro seguir con un pequeño colmado que teníamos en un sector en el que fueron atracados farmacias y establecimientos donde se venden accesorios para automóviles de todo tipo. Esto es sin incluir los atracos que se producían en la misma esquina de mi casa, especialmente en la noche, cuando se producían apagones.

Simplemente, vendimos la casa, y compramos otra en las inmediaciones, específicamente en el sector El Caliche, que también pertenece a Manoguayabo. Se trata de una casa de tres plantas, cercada por todas partes, en un lugar apacible donde no hay drogas, ni atracos, ni desórdenes, salvo las esporádicas discusiones entre chismosos y chismosas del barrio, algo que se repite en otros sitios. Creo que El Caliche es uno de los lugares más apacibles de Santo Domingo Oeste e incluso de la provincia de Santo Domingo, sin exageración alguna. En las mañanas, solo se escucha el cantar de las avecillas, sin ruidos de automóviles, ni desórdenes de borrachos.

Pero no podía ser verdad tanta belleza. Un día, mi vecina inmediata, sin siquiera conocerme, se apareció en su vivienda moviendo hacia otro lado un tanque de 55 galones que utilizamos para echar la basura, con tapa y todo, vociferando que ese era “su frente”, cuando en realidad el recipiente estaba pegado de la pared de mi marquesina. “Ustedes no tienen frente. Este frente es el de mi casa”, dijo, como si la entrada principal de mi residencia le perteneciera. 

Fuimos a la fiscalía de Las Caobas, donde el representante del Ministerio Público, al examinar las fotos que les llevé, le dijo a la querellante: “Señora, en un país con tantos problemas de pobreza, corrupción, de inmoralidades, de violencia, ¿usted viene aquí a dilucidar un asunto intrascendente? Mi decisión es que el tanque del señor Estrella Veloz se queda donde está, pues no molesta a nadie”.

Mi casa queda al fondo de una calle estrecha y el de la vecina en la parte derecha, de manera que ambas entradas forman una letra L. Según esa vecina, nosotros no tenemos frente, que en este caso es en la parte final de la L. El anterior inquilino de la vivienda, al ser tan estrecha la calle, siempre nos permitía dar reversa en nuestro auto hasta mediados de la marquesina, para poder salir de frente. Pero la mala vecina colocó una cadena para que, aun con autos mal estacionados, uno tenga que hacer malabares para poder salir de reversa hasta la calle que nos permite dirigirnos a la ciudad.

El asunto quedó ahí con la decisión del fiscal, pero luego de ese incidente la citada vecina dejó acumular basuras frente a la entrada de su casa, diciendo que ese es “su frente” y que, por tanto, hace lo que le da la gana, aparte de que cuando los martes y sábados llega el agua, deja abiertas llaves a propósito, para que nuestro frente se inunde de lodo, con basuras además.

No voy a abundar mucho sobre esto, porque he sido más que tolerante, pero ahora resulta que hay otra vecina de la parte posterior de mi residencia, donde tengo un portón alternativo de salida de emergencia, que hace unos días intentó construir una pared que obstaculizaría mi salida por allí a una calle que es pública. Esa señora, llamada Ana Luis Lafontaine, alias doña Chicha, dice que esa es “mi calle”, porque la construyó su madre no sé quién y que “nadie puede utilizarla”. 

La cuestión es que esa señora se buscó a unos haitianos para que construyeran la pared, lo que el autor de este artículo, junto a mi hijo Julio, impedimos llamándoles severamente la atención a los extranjeros en el sentido de que no podían continuar su trabajo. Esos haitianos halaron una pala, un martillo y una varilla de construcción para, en actitud amenazante, intimidar a mi hijo, quien se levantó la falda de la camisa para que se dieran cuenta de que estaba armado, sin que en momento alguno disparara o la rastrillara. Mi hijo, en su calidad de comerciante, porta una pistola con su debida licencia legal.

Sucedió entonces que la tal señora doña Chicha se quejó ante la fiscalía de Manoguayabo, junto a una dama que no tiene ni arte ni parte en este conflicto, pero que al parecer la asesora, diciendo que mi hijo la encañonó con un arma de fuego, una verdadera mentira. Mi hijo ha sido educado para respetar a las mujeres y a los demás, sin que jamás haya sido acusado de delincuente, drogadicto o cosas por el estilo. Incluso vive en mi casa, y a pesar de ser un hombre de 39 años y con tres hijos, todavía me dice “usted y sí señor”. Y si está fuera de la casa, sea donde un amigo o en la de sus hijos, siempre se reporta antes de ir a otro sitio, como una señal de respeto.

No es la primera vez que la señora Lafontaine o doña Chicha tiene problemas con vecinos. Antes de nosotros comprar la casa donde vivimos al señor Tavito Vallejo, este nos comunicó que duró varios años en los tribunales para impedir que esa señora tapiara su salida posterior a una calle pública. Según su testimonio, el caso llegó incluso a la Suprema Corte de Justicia, que habría declarado inadmisible los recursos legales interpuestos por la señora Lafontaine, a tal punto que el Ayuntamiento de Santo Domingo Oeste, en otra administración que no es la actual, derribó tres veces dicha pared, en cumplimiento de una decisión judicial.

Una calle, aunque sea construida por quien sea, se convierte en pública desde el momento mismo en que sea transitable. Usted puede poner un transformador frente a su residencia para mejorar su suministro eléctrico en caso de que haya un bajo voltaje, pero según la Ley ese transformador pertenece al Estado, en este caso a la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEE). Usted puede traer agua desde cualquier sitio lejano a su casa, pero todas las tuberías que usted instale en una vía pública también son propiedad del Estado, con derechos para la comunidad. 

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