Puntos de vista 23 Diciembre 2012
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DE LA MISMA TINTA
“Monólogo de adviento”
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Franz B. Comarazamy F.
fcomarazamy@gmail.com

En la proximidad de la celebración más solemne para los católicos, el nacimiento de Jesús, y como muestra de ese hilo nostálgico e infinito que nuestra familia alberga por la ausencia de nuestro patriarca, quien siempre fue fanático de las pascuas y del convivir en familia, comparto con ustedes, a modo de homenaje, la que fuera su conversación más sagrada e íntima, hace casi dos décadas, donde imploraba por nuestro país y por el mundo. Espero la disfruten y la acojan con buena intención. 

“Misericordia, Señor, para los que olvidan tu vida, tu enseñanza y tu poder. Otórganos la gracia de tu infinitud en este día de tu advenimiento. Que tu piedad sea con nosotros en la tierra como en el cielo. Haz en esta festividad de tu Nacimiento, en el nombre de tu Padre, que todo lo puede, un último intento, un sacrificio más, otro milagro.

Ilumina, Señor, la mente y el corazón de los hombres para que se amen los unos a los otros, como mandaste en tiempo de tristeza, para que no haya injusticia, para que el pan, el agua y el techo lleguen por igual a tus siervos. Para que nadie, Señor mío, tenga de más y nadie tenga de menos.

Para que no haya ni primeros ni postreros en merecer y recibir de tu generosidad. Para que se haga en todas las latitudes lo que Dios quiere, y que se quiera lo que Dios hace. Mándale a los poderosos que no sean tan altivos, ni pongan su confianza en riquezas perecederas. Exhórtales a obrar bien, a comunicar sus abundancias, a obedecer más al corazón que a la mente.

Imprégnale tu fe, que es fundamento y raíz de toda justificación, luz del alma y puerta de la vida eterna. Renueva, Señor mío, en la conciencia de los hombres, en este día de la iluminación de tu nacimiento, la humildad en la conversación, la estabilidad en la fe, el pudor en las palabras, la justicia en las acciones, la misericordia en las obras.

Señor mío, te lo suplico por los muchos que sufren en la vida efímera, víctimas de la intolerancia, el odio y el egoísmo. Señor, gracias por oírme...”

(Publicado en la Hoja Dominical de la Parroquia San Judas Tadeo el 25 de diciembre de 1994).

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