Puntos de vista 21 Diciembre 2012
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UMBRAL
Las redes sociales para congregar y disgregar
Manolo Pichardo

Hace unos meses, a mi regreso de Cartagena de Indias, tras participar en el Encuentro de Parlamentarios Latinoamericanos celebrado previo a la fracasada VI Cumbre de Las Américas, presencié, en el aeropuerto de aquella ciudad, una escena que me hizo reflexionar sobre el impacto de las redes sociales en  el comportamiento individual y colectivo del ser que vive estudiando la naturaleza  para dominarla y ponerla a su servicio, cuestión que va logrando, muchas veces para bien, otras  para mal.

El asunto es que mi reflexión comenzó al ver dos mujeres jóvenes, entre 25 y 28 años, sentada una al lado de la otra, conectadas a sus celulares por más de media hora sin dirigirse la palabra, chateando abstraídas del entorno.

Estaban justo a mi lado, pero el cuadro no era único, la escena se repetía entre personas de mayor y menor edad que andaban en grupo o en solitario.

Como las chicas estaban a mi lado me tomé la libertad de preguntarles si andaban juntas. La respuesta fue afirmativa. Viajaron desde los EE. UU. para conocer a Colombia, me comentaron. Tenían el aspecto de “mochileras”, de esas chicas y chicos que salen por el mundo sin más nada que una mochila con escasa ropa y poco dinero a recorrer el planeta en una aventura que tiene como fin dormir donde les atrape la noche.

Yo andaba con un amigo llamado Max, y de pronto noto, que él, aprovechando una señal gratuita de WI FI, estaba conectado a Internet, y que mientras esperábamos por la llamada para el abordaje no habíamos intercambiado palabras, porque aparte de mi ejercicio de observación y el breve diálogo con las aventureras, me encontraba recibiendo y enviando mensajes a través del BB/chat y WhatsApp.

En breve tiempo me di cuenta que prácticamente todos estamos atrapados en el mundo de las redes sociales, porque nos brindan la facilidad de la conexión ágil que ha provocado un vuelco en nuestras relaciones interpersonales y colectivas; un impacto sorprendente en la economía, en la ciencia, en la  forma de producir riquezas, en la manera de hacer política y nos ha llevado a un estilo de vida distinto al conocido hasta su aparición y desarrollo.

Todos sabemos como las fuerzas sociales preñadas del gen dialéctico que estimula el movimiento y los cambios a los que está atada la historia, echaron manos de este instrumento (las redes sociales) para canalizar a través de él la energía que incendió las revoluciones iniciadas en el  norte de África y que conocemos como la Primavera Árabe.

Pero es curioso, el instrumento que nos conecta a nivel planetario, también nos desconecta; nos congrega y nos disgrega, pues resulta que mientras estamos distantes la conexión es constante y fluida.

Es ya habitual que nos convoquemos a través de las redes.

Ya todas las reuniones e incluso mítines no partidarios se concertan haciendo uso de ellas. Lo triste o preocupante es que cuando ya se está en el lugar acordado la conexión entre los presentes se pierde.

Una que otra frase suelta surge de cuando en cuando en los encuentros sociales; los monosílabos han sepultado al diálogo, y el chat, medio por excelencia para conversar, divulga una jerga muchas veces indescifrable que va creando idiomas digitales subterráneos.

Una cultura planetaria se desprende del uso intensivo de las redes sociales y los medios de comunicación en sentido general que nos congrega y disgrega en la conjunción de todas.

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