Mientras la mediocridad rumia su miseria, Leonel crece entre los grandes, se agiganta su figura, aumenta su fama de estadista, académico y líder de un pequeño país del Caribe al que fue capaz de reconfigurar físicamente y cuadruplicar su Producto Bruto Interno en sólo tres legislaturas, un crecimiento sin precedentes en su historia.
Lo reciben reyes, príncipes, jefes de Estado, académicos, dignatarios de todo el mundo que sienten orgullo cuando le extienden la mano amiga, le dan un fuerte abrazo, lo ponen como ejemplo de un liderazgo político inteligente, franco, abierto, de rigurosa formación, de erudición poco común en estos tiempos.
En Europa los ex presidentes y ex jefes de gobierno, todos con fundaciones académicas o de desarrollo como plataforma de proyección política o social, lo distinguen con su amistad, lo convidan a encuentros privados, a dictar conferencias, a exponer sus experiencias...
Los centros del pensamiento o think tank se disputan su participación en eventos del más alto nivel con la presencia de rectores universitarios, científicos, premios nobel en diversas disciplinas donde él, Leonel, es figura central.
Y siempre con la misma modestia, con sencillez, con la humildad del muchacho de Villa Juana a quien el poder no ensoberbece y que se deja guiar por el instinto del maestro de escuela que sabe distinguir al vuelo la intención de cada estudiante en el aula.
Porque a sus 59 años, que cumple al final de este mes, Leonel ha sido Presidente de la República en 12 de ellos, y a los 42 llegó por primera vez al poder.
Es el único dominicano que a esa edad ha agotado tres períodos de gobierno, con posibilidad de retornar en el 2016.
En 1966, cuando Balaguer llegó al poder por primera vez elegido democráticamente, tenía 60 años, uno más de lo que tiene Leonel hoy. Y a partir de ahí gobernó 22 años en dos tramos de 12 y 10, respectivamente.
Y cuando Juan Bosch fundó el PLD, en 1973, tenía 64 años de edad, cinco más de los que tiene Leonel actualmente.
Dejó otro país
Leonel Fernández ha cometido infinidad de errores, ¿Quién no los ha cometido? Pero su obra de gobierno está a la vista de todo el que la quiera ver.
Cuando en 1996 llegó por primera vez a la Presidencia, siendo un imberbe político y sin haber ocupado nunca un puesto ni de mensajero en la administración pública, pocos creían en su capacidad para asumir un liderazgo nacional y situarse parejo entre los tres grandes líderes del post trujillismo: Balaguer, Bosch, Peña.
La convulsión de aquellos años en que se veía clara la decadencia física de los dos ancianos líderes aparejada con el diagnóstico fatal de la enfermedad terminal de Peña, apenas le permitió a Leonel mostrar las garras de lo que era capaz de hacer desde el poder años después.
Su visión de largo alcance lo llevó a dejar una marca de fábrica al concluir ese primer período en el 2000: la ampliación del Corredor 27 de Febrero, con los túneles entonces fastuosos entre Churchill y Lincoln, pasos a nivel y a desnivel en la Tiradentes y Máximo Gómez y el elevado de la Leopoldo Navarro al puente Duarte.
Impensable en aquellos años: un auto a mediana velocidad podía ponerse de la Secretaría de las Fuerzas Armadas al puente Duarte en tan sólo 5 minutos... Y a esto se agregó el túnel de las Américas y los inicios de la ampliación y reformulación de la avenida que lleva hasta el aeropuerto.
En paralelo se organizó la administración pública, en particular las oficinas recaudadoras y del trauma que significaba una simple gestión tributaria se pasó a que un ciudadano podía renovar el marbete de su auto o la licencia de conducir en cualquier tienda de la esquina y desaparecieron los “tributarios” y buscavidas que le amargaban la existencia a cualquier cristiano.
En términos urbanísticos la capital probablemente no sea el Nueva York chiquito que sueña Leonel, pero de aquel arrabal de 1996 al Santo Domingo de estos días, hay una diferencia del cielo a la tierra.
¿O puede alguien en sano juicio –fuera del fanatismo antileonelista– decir que la capital dominicana es la misma de hace 16 años...? ¡Y si hay alguna diferencia, anótensela a Leonel Fernández!
... Pero hay un problema
Leonel Fernández tiene un problema peliagudo: ¡Se ha quedado solo en el liderazgo político nacional! La escasez de líderes concentra en él toda la atención, y como quien no quiere las cosas, para las elecciones del 2016 faltan ya poco más de tres años. ¡Así pasa el tiempo! La oposición está desvertebrada, sin posibilidad a la vista de articular un proyecto presidencial que pueda colarse entre Danilo y Leonel. Las diferencias internas del PRD son insalvables en el corto plazo.
Miguel Vargas pudiera tener posibilidad de éxito si lograra unificar al PRD. Pero eso sólo lo logra sobre el cadáver político de Hipólito Mejía, un almendrón difícil de arrinconar en una clientela tan diversa.
Por eso todo este ruido y alharaca que se produce en torno a la figura de Leonel Fernández.
Se trata de un esfuerzo para inhabilitarlo electoralmente en base a inventos y mentiras.
Porque buscan evitar con Leonel lo que llaman “la dictadura perfecta...” ... Cuando en correcto decir habría que llamarle “la dictadura del talento”. ¡Sobrepuesta a la mediocridad y la envidia!
¡Vuela alto que águila no caza mosca...!