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FIGURAS DE ESTE MUNDO
El Verbo encarnado 
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Pablo Clase Hijo
figuras24@hotmail.com

El misterio fundamental del cristianismo es que Dios se hizo carne en el seno de una virgen. El soberano de los cielos que diseñó la creación, que no puede ser contenido en el universo, estuvo encerrado en el vientre de una mujer. El ángel dijo a José: “Lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo es”. Y este anuncio, breve y definido, confirma el nacimiento virginal de Jesús. María, virgen y madre, “los dos estados más divinos de la mujer”, dio a luz al Dios redentor en medio de una mezcla de inocencia, encanto y grandeza. Allí ningún poderoso de la tierra se arrodilló ante el pesebre del Todopoderoso, y ningún heraldo proclamó el nacimiento del Rey de reyes. Pero los ángeles bajaron hasta las colinas cercanas de Judea para revelar las buenas nuevas a los humildes pastores.

El cuadro es maravilloso: el nacimiento del Creador en un establo; unos ángeles que bajan hasta el desierto; unos pastores que acuden presurosos a rodear su cuna; una virgen madre que adora a su recién nacido; unos magos guiados por una estrella. Esta escena de candor, más pura que la nieve, anunciaba el acontecimiento más trascendental de la historia. Aquella noche, en Belén, había nacido el Salvador, Cristo el Señor. Vino en respuesta al clamor mundial de los corazones por un Salvador y Señor que pudiera limpiar el corazón y guiar la vida humana. “Y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre” (San Juan 1:14). 

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