Puntos de vista 9 Noviembre 2012
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UMBRAL
Encuentros de alcaldes: violencia en CA
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Manolo Pichardo

¿Es casual que la violencia tenga su mayor expresión en los barrios marginados de nuestros pueblos y nuestras ciudades? ¿Que sean los jóvenes fuera de las aulas y sin empleos los que busquen la manera de sobrevivir recurriendo a la delincuencia? No lo es. Y por ello cualquier estrategia que se defina para combatir la violencia que se desprende de acciones de ratería o el crimen organizado, debe tomar en cuenta los problemas de orden social que aquejan a la mayoría de nuestra sociedad regional.

Hará algunos tres días, comenté a un empleado del hotel donde me hospedo que caminaría por los alrededores de la instalación hotelera y me advirtió del peligro que podría correr. Esa advertencia la he escuchado en El Salvador y en Honduras, y no es casual, porque se habla del llamado Triángulo Norte y se dice que es el más violento y peligroso de la región.

Los números respaldan los temores, pues resulta que en Honduras se registran 82 homicidios por cada 100 mil habitantes cada año, en El salvador 66 y en Guatemala 41. Para que tengamos una idea de lo que estamos diciendo, les cuento que en el país que vio nacer a Francisco Morazán, murieron asesinados el pasado año, 6 mil 236 personas, más de los que murieron en Siria durante el mismo período como consecuencia de la guerra civil que divide a aquel país.

Ser el puente entre el mayor productor de drogas del mundo y el mayor consumidor de este producto en el planeta, ser una región con pobreza, Estados débiles y corrupción, en la que intervienen no solo los grandes traficantes y sus peones los mareros, sino incluso autoridades, crean el espacio propicio para que se diga que la región, como definió la ONU, es la más mortífera del globo terráqueo.

Si espeluznantes son las cifras que hemos suministrado, resulta escalofriante saber que de seguir la ola de violencia que nos azota, uno de cada 50 hombres morirá antes de cumplir los 31 años de edad.

Este diagnóstico nos lleva a pensar que en una solución regional para el combate al crimen organizado, una solución que debe involucrar a los mayores productores y los mayores consumidores de droga, pero con una participación activa de las autoridades municipales porque sus comarcas son el escenario de la violencia que se deriva del crimen que se sufre día a día.

Estimados alcaldes y alcaldesas, regidores y regidoras, señoras y señores, tener ciudades seguras podría garantizar tener familias seguras, y con la seguridad podríamos ser atractivos a la inversión, al turismo. Ciudades amigables no solo son las que respetan el natural equilibrio que impone la naturaleza, sino las que brindan tranquilidad al que las habita y las visita, porque una ciudad podría vivir en armonía con el medio ambiente, pero se convierte en hostil si la violencia la preña de intranquilidad.

Finalizo mis palabras expresando que esta actividad podría ser el inicio de una serie de encuentros más amplios y participativos, que debemos conocer de experiencias similares en lugares tan lejanos como África, en donde un número importantes de alcaldes, con el auspicio de organismos financieros internacionales, convocaron un encuentro como este, agobiados como nosotros por la violencia urbana y la falta de seguridad ciudadana.

 

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