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Feminicidios: las causas
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Manolo Pichardo

Comparto con ustedes un fragmento de mi intervención en un evento de mujeres parlamentarias en El Salvador el pasado mes de octubre:

La mujer es el elemento que da cohesión a la familia y que sin importar la estructura familiar que cada modelo o modo de producción se haya dado, la cuestión familiar es un círculo que gira en torno a la mitad de la población del mundo, que de paso, debo decir, es la madre de la otra mitad.

La naturaleza asignó el papel a la mujer de concebir, amamantar y vigilar para que las crías tengan un desarrollo y crecimiento sanos. Desde el matriarcado en la sociedad primitiva, hasta la sociedad de las tecnologías de la comunicación y la información, o sociedad postcapitalista, que es a la que asistimos hoy, ese papel se mantiene inalterable.

Pero ese rol de dedicación y de vigilancia que se deriva en cohesión familiar, asignó al hombre el papel de sustentador económico, y ese rol, por aquello de que el que manda paga, dio la jefatura del hogar al hombre.

Esta división familiar del trabajo, si es que vale el término, se manifestó en las diferentes sociedades, por lo que el varón, jefe de la casa y casi dueño de la mujer y los hijos, pasó a dominar los estamentos de poder que se fueron creando en la sociedad primitiva, hasta los que se formaron con el nacimiento del Estado.

El poder económico del hombre creó toda una cultura de discriminación que abrazó de lo laico hasta lo religioso. Las mujeres no solo no podían ejercer cargos públicos, sino que ni siquiera podían participar en las votaciones para elegir a los hombres que las gobernarían.

Ni la llamada democracia griega abrió espacio para las mujeres. Las monarquías hicieron espacios para ciertas señoras, pero esa expresión de poder femenino nunca se trasladó a aquellas sociedades monárquicas.

Las religiones, sin excepción, no temo equivocarme en este dato, designaron al hombre como jefe de la familia y, para colmo, las divinidades femeninas, en una expresión de excesivo machismo, fueron desplazadas por dioses.

Así pues, los profetas son varones, los salvadores, varones, los sacerdotes varones, y las vírgenes, con todo y su pureza, están relegadas a un segundo plano.

La historia de la humanidad registra episodios de mujeres que trataron de reivindicar derechos que en esta coyuntura que vivimos están siendo reconocidos.

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