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2 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 8:06 PM
Puntos de vista 16 Noviembre 2012
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PUNTO DE MIRA
El mal querido
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Alfredo Freites
afreites.listin@gmail.com

Como si fuera un título de película del Oeste se definió la situación de Amable Aristy Castro: carne de presidio. Los que fueron compañeros de partido no lo quieren ver ni en muñequitos. La lepra política le ha caído al pequeño gigante de La Altagracia. Lo repudian peor que si fuera confeso apóstata. De qué le ha valido los sacrificios por sus compatriotas de Higüey que estaban todos en la nómina de la Liga Municipal Dominicana.

Este senador ha tejido más trenzas políticas que una peluquera de playa para hacer el moño bonito a las circunstancias. Ya nadie recuerda sus muchos aportes para que el PRSC se mantuviera a flote ni los salchichones que blandía en su campaña. Todo se ha olvidado. Para él no es sorpresa el cúmulo de mal agradecidos que antes lo abrazaban y ahora lo señalan.

No obstante, Amable no teme a la situación. Poco importa esa afirmación de que “las cualidades de reformista que les son atribuidas al senador Aristy Castro, deben ser corregidas ya que esa persona no pertenece a las filas del PRSC”. El sigue confiado en la Virgen de la Altagracia.

Quizá no rezó con mucha fe cuando cavilaba sobre sus pasos políticos: lo dejaron fuera del Consejo de la Magistratura, de la Liga y perdió Hipólito en las presidenciales.

Los incorruptibles quieren verlo tras las rejas tomando como acimut una vulgar auditoría. Esta presión ateza el amarre. Él tiene su ballestrinque atado al Senado. Es hábil como ratón de ferretería aunque ahora sea el mal querido.

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