Puntos de vista 15 Junio 2010
0 Comentarios
Tamaño texto
¡Justicia denegada!
Compartir este artículo
Tony Raful

Eric Raful inició sus palabras haciendo un recuento histórico de la Constitución de Cádiz para ir acumulando aportes jurídicos políticos, que sirvieran de base de sustentación a una intervención de altos niveles conceptuales y demostrativos, que tipificaron las irregularidades del llamado voto preferencial. Luego de una jornada reclamante, los honorables jueces de la Cámara Contenciosa de la Junta Central Electoral parecían concluir su larga audiencia de intervinientes sin mayor alteración, en posición budista, casi levitando sobre sus asientos, oyendo toda clase de argumentaciones y réplicas, sin inmutarse, como tarea del día laboral y en gran medida de desagu¨e de inconformidades, especie de sangría de dolientes. Era como esperar finalizar el trabajo sin mayor preocupación, “gaje de oficio” dirían los de mayor experiencia.

No esperaban las ideas ni el aporte magistral de sus consideraciones, no se imaginaban que el licenciado Raful iba a desmontar pieza por pieza todo el ordenamiento fraudulento en la Circunscripción 1 del Distrito Nacional.

Posiblemente esperaban epítetos, exageraciones, excesos verbales, acusaciones mendaces. Era lo que habían visto durante todo el día con mayor o menor asidero. Eric Raful presentó la impugnación a los resultados de los noventa colegios electorales, con pruebas fehacientes, datos incontrastables, de vulgares acciones fraudulentas, alteraciones de votaciones, cambios de votos alcanzados transferidos a otros candidatos, firmas incompletas, repartición del universo de votantes en beneficio de dos candidatos representantes de dos partidos opuestos y en perjuicio de los otros candidatos, lo cual sugiere un pacto delincuencial que trasciende las fronteras tradicionales de diferenciación de los partidos políticos, gracias a la permisibilidad del voto preferencial, supresión de las cifras de votos restando uno de los números y agregándoselo a otros candidatos.

Era una podredumbre casi absoluta. Esos noventa casos debidamente documentados implicaban el denominador común de irregularidades masivas. Bastaban como indicadores de una descomposición generalizada.

En la medida en que se ahondaba en ellas, se acumulaban mayor cantidad de pruebas. Un nuevo conteo de votos arrojaría la verdad de un proceso viciado hasta los tuétanos.

No era el simple conteo de los votos nulos u observados lo que el Lic. Raful había propuesto, sino basado en sus elementos probatorios, la revisión completa de los votos, contar de nuevo para esclarecer. Hubo pruebas de los escáneres enviados en las primeras horas cuya información había sido manipulada por el acuerdo de diputados de los dos partidos en su beneficio.

No podía procederse a la creación de una opinión imparcial sin llegar al fondo de todas las bellaquerías materializadas.

¿Cómo pudo operar esta modalidad fraudulenta si hubo delegados de los partidos? Uno de los errores esenciales del llamado voto preferencial fue no consignar en el procedimiento y la representación por mesa, un delegado por candidato, debido al carácter cerrado, individualista, casi personal, con el cual estos asumieron sus candidaturas, olvidándose de los propios partidos que los postulaban. No era derrotar al PLD o al PRD sino a los propios compañeros que eran sus adversarios, aunque para ello tuvieran que crear alianzas con el candidato del partido opuesto que posibilitara la ganancia mutua. Al no tener delegados los candidatos sino un delegado oficial del partido, en muchos casos, este “delegado oficial” no defendió la votación en su conjunto sino la de su preferido.

En el caso de la Circunscripción 1, operó una estrategia trazada con la complicidad de los “delegados oficiales” de los dos partidos. Por supuesto, no funcionó en todos los colegios electorales, pero sí en la mayoría de ellos donde los candidatos que tuvieron responsabilidad en la selección de los delegados, por su cercanía o proximidad con la maquinaria de los partidos que los designaba, se agenciaban su complicidad y felonía. Si la Cámara Contenciosa hubiese dispuesto el reconteo, si se hubiese basado en los indicios claros de alteración y fraude en el voto preferencial, evidentemente que habría corregido el daño ocasionado a la candidatura de la Lic. Faride Raful, quien a pesar de haber sido lesionada en la expresión del voto popular, alcanzó una votación alta que ha desconcertado a quienes subestimaron sus posibilidades electorales. Hemos tenido testimonios de compañeros y compañeras del PLD que fueron igualmente afectados por estas modalidades fraudulentas, y que están en disposición de llevar esta situación hasta sus últimas consecuencias jurídicas y éticas.

Eric Raful hizo una exposición brillante, hacía tiempo que en esa sala no se escuchaba a un jurista elevarse a la altura de principios y valores.

Confesó que sus compañeros de bufete le dijeron que no perdiera su tiempo, que todo estaba consumado. Sabemos que algunos jueces se comportaron con dignidad y defendieron los argumentos de impugnación sometidos por Faride Raful, (consignamos nuestro agradecimiento histórico), pero al final todo quedó igual, una pesada sombra gris, un vacío moral, “placa y silencio” como dijo el poeta Pedro Mir, “placa y silencio” en los augustos tribunales del país.

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña