Haití debe prepararse para una cruda realidad. La realidad de un mundo egoísta que da signos de nos estar a la altura de los requerimientos para su reconstrucción.
Muy atinadamente, el Primer Ministro haitiano, Jean Max Bellerive, ha afirmado que Haití sólo debe contar consigo mismo, y con la diáspora de emigrantes haitianos en el mundo. Inmediatamente después del devastador terremoto del 12 de enero, muchas esperanzas surgieron. En medio de la catástrofe, las manifestaciones de solidaridad fueron desbordantes.
Los dominicanos nos volcamos, desde el gobierno hasta el más humilde ciudadano de esta nación, a ayudar de miles de formas al vecino abatido. Y puede afirmarse que continuamos haciéndolo.
Sin embargo, sin ser pesimistas, los signos que está emitiendo la “comunidad internacional” no son muy alentadores. La reciente conferencia técnica que tuvo lugar en Santo Domingo, el 16 y 17 de marzo de este mes de marzo, tuvo resultados que no pasan de decepcionantes. El impacto de los primeros días del terremoto ya ha pasado. De copar los medios de comunicación, ya las noticias de Haití son cada vez decrecientes. En un comunicado de la Comisión Económica de América Latina (CEPAL) de las Naciones Unidas, se afirma que la evaluación preliminar de los efectos del terremoto son devastadores.
Haití retrocedió más de una década en la lucha contra la pobreza.
La pobreza extrema, es decir, las personas que viven con menos del equivalente a un (1) dólar por día, pasó al 71% de la población. Más de 222 mil haitianos quedaron muertos, sepultados y aplastados en los escombros.
Un millón y medio quedó sin hogar y damnificada por el sismo.
311 mil quedaron heridos o mutilados por las heridas sufridas. El impacto económico preliminar de las perdidas del terremoto es, según la CEPAL, de US$7,800 millones, equivalente al 120% del Producto Interno Bruto haitiano. Pero según la Secretaría Ejecutiva de CEPAL, Alicia Bárcena, afirmó que esos datos son preliminares, y que pueden ser revisados al alza. Es decir, la cosa puede ser peor.
Ya las tropas de los Estados Unidos se retiraron de Haití. La mayoría de los contingentes humanos de asistencia humanitaria o de seguridad han partido. De nuevo, el gobierno y el pueblo haitiano, se enfrentan solos a su realidad, solo acompañados por la MINUSTAH, la fuerza de paz de las Naciones Unidas, y la buena voluntad de muchos, pero sin recursos suficientes para atender, no digamos la reconstrucción, sino incluso la emergencia que no ha pasado.
Un ejemplo basta: de las 200 mil carpas prometidas para alojar provisionalmente a la población que perdió su vivienda, solo se han entregado 70,000. Es decir, un tercio de lo prometido. De los 350 millones de dólares que solicitó el gobierno haitiano para poder tener los recursos mínimos para poder tener un gobierno con funcionamiento básico en el resto del año, solo se consiguió una promesa en la reciente conferencia técnica de Santo Domingo. Para lo próximos 18 meses, tan solo se han “comprometido”, ya que habrá que comprobar su entrega en la practica, US$3,800 millones, cuando el BID afirmó recientemente, que al menos se requerirán US$10,400, para reconstruir lo destruido, sin poner nada nuevo y aprovechar la reconstrucción para dar un salto cualitativo.
El Estado haitiano solo es capaz de recaudar el 20% de sus necesidades, de una población devastada y empobrecida al máximo.
El gran temor que hemos manifestado, de que luego de las manifestaciones verbales de solidaridad, Haití lo dejen solo, nuevamente, parece desgraciadamente que comienza a verse. Para tener una idea de las asimetrías del mundo, comparemos las siguientes informaciones. Haití perdió casi 230 mil ciudadanos en 35 segundos y el 120 de su PIB. Hasta ahora se prometen US$3,800 millones para los próximos 548 días – es decir el próximo año y medio. Esto es unos US$6.9 millones de dólares al día para atender la reconstrucción y las necesidades de funcionamiento del país. Sin embargo, Estados Unidos gasta 450 millones de dólares diarios, escúchenlo bien, diarios, en mantener 150 mil soldados en Irak, en una guerra cruel, impopular, que ha devastado a Irak, y ha devastado moralmente a los propios Estados Unidos. ¿Hacen sentido esas proporciones? ¿Cómo puede un mundo organizado y operando con esas asimetrías y valores, llevar armonía y paz a los humanos? Las tropas norteamericanas consumen en Irak, en 8 días y medio, lo prometido a Haití para su reconstrucción en los próximos 548 días.
Aún así, queda latente el gran espíritu de solidaridad de los países de América Latina y El Caribe. El gran espíritu de sobreponerse a las adversidades del propio pueblo haitiano.
El Presidente Leonel Fernández ha demostrado su compromiso con la reconstrucción y el avance de Haití. Propuso un mecanismo financiero, a través de la conversión de la deuda externa latinoamericana con los países desarrollados del Club de París, en un gran Fondo de Reconstrucción, que todavía podría tener oportunidad de negociarse e implementarse.
Pero eso requiere que un equipo humano capaz, agresivo y con experiencia negociadora, tanto haitiano como dominicano, se dedique ciento por ciento a ese proyecto.
Eso no anula los otros esfuerzos, pero hay señales que apuntan a que la solidaridad de boca internacional, quedará en eso, solidaridad moral y de boca. Los grandes perdedores serán, primero el pueblo haitiano, que verá su pobreza e indefensión profundizarse. En segundo lugar, el pueblo dominicano, que tendrá que afrontar probables oleadas de inmigración de esos pobres y desesperados haitianos, en un futuro no muy lejano, al ser el único país que comparte el mismo territorio con Haití.
Todas las fuerzas políticas, sociales, morales, y de todo género, dominicanas, debemos ayudar y empujar en que se identifiquen recursos masivos para reconstruir, y mejorar, la situación del pueblo haitiano, en procura de nuestro propio futuro.