Listin Diario
2 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 10:21 AM
Puntos de vista 13 Agosto 2007
0 Comentarios
Tamaño texto
EL ROEDOR
¿Qué es un historiador?
Compartir este artículo
Aristófanes Urbáez
elroedor2045@hotmail.com

En su laureado libro “La feria de las ideas”, mi querido ‘kaiser’ Federico Henríquez Gratereaux, tiene un gustoso ensayo acerca de los “intelectuales brutos”, pues es natural que en el “mundo de las apariencias”, el vulgo se sobrecoja cuando llega a una arreglada oficina con diplomas y reconocimientos estratégicamente colocados y una estantería de libros -biblioteca, si el hombre es pudiente- “ancha y ajena”, como decía José Labourt con esa ironía propia del inteligente, pues que le da un nuevo valor al título de la novela de Ciro Alegría. “¡Ay, tú, todos esos libros en ringlera ahí, puestos, nuevecitos, como si nadie le hubiese puesto las manos ni los han leído nunca!”. Ante este espectáculo, digo, la “vulgata” mide la capacidad intelectual que comienza a afirmar que “Zutano es el hombre que más sabe del mundo”.

Digamos por ejemplo, que George Guillermo Federico Hegel, que colocaba en sus libros el pomposo título de “Doctor en sabiduría del mundo”, era un espectáculo en su aula llena de estudiantes --en eso que llama Mario Bunge “la universidad como teatro”. Al lado, el “pobre” Arthur Schopenhauer tenía que conformarse con apenas tres o cuatro alumnos. Tiempos después, el amargado Arthur escribiría de Hegel que “las tres cuartas partes de su filosofía (hegeliana) no eran más que un sinsentido; y el último cuarto, pura corrupción del lenguaje”.

Pero para que no nos vayamos a las definiciones de los manuales -siempre incompletas por reduccionistas-, hagamos un ejercicio teorético -y excusen la introducción- sobre lo que entendemos por un historiador, al que equipararemos con un filósofo, según la tesis de Karl Popper, en cuando a que “todos tenemos una visión del mundo (ideas filosóficas), pero que el filósofo es aquél que se dedicada a trabajarlas profesionalmente”, de manera sistemática, a costa de mucha pérdida de sueño, razonar y gasto de energía nerviosa. El mismo Schopenhauer no era visto por sus vecinos por largos períodos hasta de cuatro meses, los cuales creían que estaba de vacaciones, cuando en realidad el hombre estaba trabajando en sus tesis filosóficas. Un historiador sería, pues, no quien tenga ideas de los acontecimientos históricos o escriba un artículo sobre un hecho, sino quien trabaje profesionalmente uno o varios aspectos del acontecer histórico.

De ahí que este escribano dude de que cualquiera que haga un curso de historia o incluso una maestría, sea un historiador. Un historiador es un profesional, no es un simple compilador de datos y acontecimientos, no es un “interpretador” de mala muerte sin talento; de testimonios de los actores vivos de los hechos históricos, porque de eso es que se hace la historia: de los hechos, los textos históricos, los testimonios y los datos ofrecidos por las ciencias auxiliares de la historia, como la antropología, la etnología, la arqueología, la psicología, la sociología, etcétera, y como ustedes pueden ver, queridos lectores, son muchas materias, y por tanto, esto exige rigor, disciplina, tiempo, fatiga, salud mental, investigación y sobre todo, ingenio, talento y una inteligencia por encima del promedio. ¡Qué no venga nadie a decirme que porque recogió los acontecimientos y memorias de un pueblito cualquiera, Mengano es historiador o historiógrafo, como se dice ahora! El mismo Balaguer ñporque en eso era modesto el hombre-- reconoció que su Cristo de la Libertad, su Centinela de la Frontera y Los Carpinteros, eran textos de ficción basados en hechos históricos. Hay otros textos, como La Isla al Revés, que ya tienen otra tesitura.

Entre los historiadores hay eruditos, como el inglés H. G. Wells, que pretendió escribir una “Historia del Mundo” en diez tomos, los hay que son puros compiladores de fichas y datos que a la hora de la “interpretación” hacen un embarre porque el método no le funciona, los hay que sólo escribieron un libro, pero que fue tan riguroso y despierto que se hace consulta obligada, los hay que se especializan en temas, como Bernardo Vega; los hay “verbales” porque el libro siempre está en proyecto, y está el historiador profesional, que es aquél que no se lleva de apariencias ni de aguajes, que va tras la verdad de los hechos, sin olvidarse nunca que para ser objetiva, compresible y longeva en el tiempo, toda historia tiene que basarse en la infraestructura económica, los acontecimientos históricos, los textos y los personajes que los hicieron posible.

Fuera de ahí, habrá relatos, pero no historia. En historia no se hacen juicios definitivos, ni verdades absolutas, pues quien haya pensado que sabe todo lo de Meriño, que se lea los documentos inéditos que trae el último libro de José Luis Sáez. Ahora bien: hay historiadores brillantes, que sacian la sed que algunos buscamos para explicarnos el pasado y comprender el presente.

Otros, disparatan y llegan a conclusiones inverosímiles como aquellas de que la virgen de las Mercedes actuó a favor de los españoles cuando los bravos caciques Canoabo y Mairení les tenía sitiados; que la ciudad Capital fue cambiado a oeste del Ozama por una plaga de hormiga o que los almirantes ingleses Penn y Venables, conquistadores de Jamaica, fueron derrotados aquí por una plaga de cangrejos. Por lo visto, quienes dieron estas versiones, ni saben de vírgenes, ni de indígenas, ni de hormigas, ni de cangrejos, ni de almirantes ingleses. ¿O no?

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Se ha cerrado la discusión de este artículo por lo que no se puede comentar