PROTAGONISTAS

Una madre extraordinaria

Maribel Haché de Fernández cuenta a Las Sociales su experiencia como madre extraordinaria de un ser especial, como es José María, cariñosamente "Josema".

Ivelisse Villegas
Santo Domingo

Llegué a la residencia de Maribel Haché y Arístides Fernández Zucco con la ilusión de conocer a su hijo José María, cariñosamente Josema. Fue a media mañana y él recién se levantaba. Su madre lo llama y le dice que venga a conocerme. Cuando Josema entra a la sala, donde ambas estábamos sentadas degustando una taza de café, posa sus ojos en mí y de inmediato me da un tierno beso. Ese gesto me bastó para comprobar lo que ya me habían dicho: que es un ser humano extraordinario.

Conversar con Maribel Haché fue fácil. Siempre sonriente, pese a las lágrimas que a veces nublaban sus ojos, cuando recordaba momentos tristes y de felicidad vividos con Josema.

 ¿Qué ha sido lo más difícil de tener un hijo con síndrome de Down?

Para mí lo más difícil de tener un hijo especial ha sido aceptar desde mi embarazo que tendría esa condición y no saber cómo lo íbamos a afrontar. Nació Josema y con él hemos recibido bendiciones, retos y lecciones de vida que nos han hecho una familia más unida, en la que todos intentamos ser mejores seres humanos para dar a este ángel travieso el apoyo y amor que se merece.

¿Qué sintió cuando se enteró que iba  a tener un hijo con síndrome de Down?

Lo supe cuando me hice una sonografía de rutina a los seis meses de embarazo. Lo recuerdo como el día más triste e impactante de mi vida...  ¡qué tonta fui! En ese momento no entendía que Dios estaba enviando una bendición extraordinaria a nuestras vidas.

¿Por qué no abortaste?

Cuando me enteré de que el niño venía así, sentí en mi corazón emociones encontradas, porque era el hijo que yo quería, pero no como lo quería. Los médicos en Baltimore, donde nació, al ver las condiciones del bebé, que, además de tener síndrome de Down, venía con todos los órganos comprometidos -todos tenían defectos-, me recomendaron que me hiciera el aborto. No lo hice. Además, nunca pasó por mi mente.  

Como toda madre, pese a los pronósticos, durante todo el embarazo nunca perdí la esperanza de un milagro. Y cuando nació  Josema y vi que las condiciones eran aún peores de las esperadas, exclamé”:  ‘¡Ay Dios mío, no ocurrió el milagro!’. Hoy me doy cuenta de que ocurrió. Tengo un niño extraordinario, no especial. Fueron días difíciles. Josema duró 25 días en cuidados intensivos, y a las 12 horas de nacido le hicieron una cirugía transduodenal. También, durante esos días de internamiento me dijeron que el niño iba a ser sordo y ciego. Para gloria de Dios todo se fue solucionando”.

((Testimonio
Familia que asumió un compromiso de por vida Maribel Haché confiesa que cuando Josema tenía un año y 11 meses se cayó y esto le produjo una lesión cerebral severa (pasó 4 años sin caminar ni moverse). "Todos de una forma u otra hemos tenido que adaptarnos a su situación, y a lo que él puede y quiere hacer en determinados momentos, pero esto solo ha sido un reto más que nos ha convertido en mejores personas capaces de dar más de nosotros sin esperar nada a cambio".

Es una gran satisfacción ver a mis tres hijos ya jóvenes adultos, saludables e íntegros; convertidos en personas de bien.

Mi mayor orgullo es ver cómo se apoyan, aman, cuidan, y ayudan a José María. Ese amor que ellos le profesan me da la seguridad de que si un día no estoy físicamente, van a cuidar y a proteger a Josema.