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Las Sociales domingo, 17 de mayo de 2015
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“Ser madre especial, un compromiso que asumí con valentía”

"Cuando eres madre especial tus lágrimas también son de satisfacción y aprendes a mantener la calma con una sonrisa en los momentos difíciles", dice Lina Sangiovanni.

  • “Ser madre especial, un compromiso que asumí con valentía”
    Lina Carolina, Enrique, Alejandro y Lina, junto a Enrique Rodríguez Sangiovanni.
  • “Ser madre especial, un compromiso que asumí con valentía”
Celeste Pérez
celeste.perez@listindiario
Santo Domingo

Por alguna razón Dios elige cuidadosamente a las madres especiales, seres de luz que realizan una tarea titánica, pero sumamente gratificante. Mujeres que tienen el privilegio de conocer momentos de profunda felicidad y satisfacción. Cada progreso de su hijo será motivo de alegría y les dará fuerzas para continuar.

 “Mi mayor reto como madre especial ha sido aceptar la voluntad Divina con regocijo”, cuenta Lina Sangiovanni de Rodríguez, que hace 27 años trajo al mundo a Enrique, su tercer hijo.

A los 5 meses de su nacimiento comenzó a notar que el desarrollo no era igual a los demás y decide buscar información médica. “Mi instinto maternal me decía que algo no estaba bien e inicié a una serie de exámenes que me llevaron al diagnóstico final”, relata.

Un daño cerebral con rasgos de autismo fue el resultado de innumerables pruebas realizadas dentro y fuera del país. “No aceptaba que no había una solución.  Mi vida se convirtió en una búsqueda insensata y constante, esperanzada en encontrar alguna solución”.

“Esta reacción es inevitable. Es difícil superar el trance del diagnóstico y sacar fuerzas. Aprendí a enfrentar mis propios temores para seguir adelante”, relata.

Un diagnóstico que marca un antes y un después en el hogar de los Rodríguez  Sangiovanni.  Pero compartir unos minutos con la familia deja evidenciado que su compromiso ha sido asumido con amor, entrega y valentía. “Enrique es una bendición para nosotros. Es una misión que aún no he entendido pero la he aceptado y asumo con amor la responsabilidad de darle calidad de vida”, cuenta Sangiovanni.  

Para ella, lo más satisfactorio de ser madre especial es que se ha convertido en una mejor persona.

Las madres especiales trabajan a tiempo completo, tienen días de veinticuatro horas como otras madres,  pero en ese tiempo deben atender todo lo estrictamente pertinente a su rol, los procesos terapéuticos y la familia; pero además deberán sobreponerse a los obstáculos y superar los prejuicios.

“Las cosas que a cualquier madre les parecen normales, para nosotras son grandes logros. Que tu hijo pueda voltearse, gatear, sentarse, caminar, cada proceso es el resultado de mucho esfuerzo y largas horas de terapias. No es cosa de meses, sino de años, cada día es un reto que pone a prueba nuestros dotes de perseverancia y paciencia”.

En favor de los más necesitados
Lina Sangiovanni de Rodriguez también ha aprendido a distribuir bien su tiempo para aportar su experiencia. Desde hace 26 años colabora con el Patronato de Enfermedades Congénitas y Hereditarias en el cual realiza actualmente funciones de tesorera.

“Lamento tanto que nuestro país esté tan desamparado de instituciones que ofrezcan ayuda a las familias necesitadas. Aquí tu hijo con necesidades especiales crece y no sabes qué hacer con él, tienes que llevártelo a casa”, enfatiza.

“Las madres especiales tenemos un don, una fuerza individual que Dios nos ha concedido para aceptar su voluntad, amar a nuestros hijos y luchar por su felicidad”, concluye.

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