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Las Ciudades 20 Agosto 2007
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ADMITEN LAS MALAS CONDICIONES
Cárcel 15 de Azua: un infierno en la tierra
Una comisión del Patronato Nacional Penitenciario, encabezada por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez visitó la cárcel del 15 de Azua, donde anunció la remodelación del recinto, junto a miembros de la Pastoral de la Iglesia para las cárceles
  • Las cámas son de cemento y sumamente incómodas, mientras el espacio resulta pequeño para la cantidad de reos que hay en el recinto.
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Ramón Pérez Reyes

AZUA.- Para la mayoría de la población dominicana, La Victoria es la cárcel más difícil e inhumana del país, cuya dureza incluso ha sido llevada al cine.

Una opinión muy distinta tienen los más de 250 reclusos de la llamada “Cárcel del 15 de Azua”, quienes consideran que sería un premio su traslado a La Victoria y así poder abandonar lo que llaman “El infierno en la tierra”. Y es que todos los presos de este recinto añoran ser trasladados, alegando diferentes motivos.

La realidad en esta cárcel fue contactada durante una visita al lugar que hicieron la semana pasada miembros del Patronato Nacional Penitenciario, encabezados por el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez.

“Esta es una cárcel negativamente especial.

A esta se traen reclusos de todas partes del país; los inadaptados, los que se portan mal, lo que producen muertes, los que insisten en meter drogas en la cárcel, lo que quiero decir, que es lo que ustedes van a encontrar siempre, es que todos los reclusos quieren que los trasladen, pero alguien tiene que estar aquí”, admitió el director general de Prisiones, Juan Ramón de la Cruz Martínez.

Un documento elaborado por la parroquia de La Sagrada Familia (Sabana Yegua) fue leído al cardenal López Rodríguez y otros miembros de la Pastoral Penitenciaria que visitaron el lugar para contactar la situación.

Quejas
Participaron en la visita el coordinador de la Pastoral Penitenciaria, Fray Arístides Jiménez Richardson; el empresario Manuel Arsenio Ureña y su esposa, así como el procurador general de la República, Radhamés Jiménez, junto al director de Prisiones, De la Cruz Martínez.

Entre las quejas expuestas se encuentran las deficiencias en el suministro de agua potable y la que reciben para tomar viene del canal, que es para la agricultura.

Los presos también denuncian deficiencias en el sistema de salud y alegan que el médico asignado va una o dos horas al día entre semana, y cuando receta medicinas los internos no las pueden comprar. No hay ningún siquiatra disponible y si hay una emergencia por la noche o durante el fin de semana, no hay ambulancia para atenderlas.

Las condiciones higiénicas también son diferentes. Hay una urgencia de fumigación, porque hay muchos mosquitos, ratones, cucarachas y otras alimañas. Los sépticos se taponan semanalmente. No hay detergente o material de limpieza disponible.

La comida es de mala calidad, pero lo peor es que escasea, porque están trayendo del comedor popular de Azua la misma cantidad, pese a que ahora hay 300 internos y no 200 como anteriormente. En la cárcel no hay comedores, y en consecuencia los reos ingieren los alimentos en sus celdas y en galones plásticos cortados, porque no les suministran platos.

PRISIONES
El director de Prisiones argumentó que la edificación no fue originalmente diseñada para una cárcel, sino para una fortaleza del Ejército Nacional en la zona.

En 1996, las Fuerzas Armadas cedieron el edificio a la Procuraduría General de la República, entendiendo que no era necesario la permanencia de un batallón táctico en ese lugar, debido a su cercanía con la Fortaleza 19 de marzo en Azua.

De inmediato, y debido a la sobrepoblación que tradicionalmente ha primado en el sistema penitenciario dominicano, se alojaron reclusos en el recinto sin habilitarlo adecuadamente.

De la Cruz Martínez dijo que desde que asumió la dirección de Prisiones ha estado solicitando que se dote esta cárcel de las herramientas para que sea manejable. Precisó que actualmente se hace un levantamiento y se están dando los toques finales para alcanzar ese objetivo.

“Esta cárcel la encontramos son celdas de reflexión o castigos, lo que quiere decir que cuando un interno origina una riña en el interior de la prisión no hay donde llevarlo para separarlo, y eso crea dificultad, la única solución es el traslado”, apuntó.

Reveló que se contempla la construcción de dos celdas de reflexión o castigo, un segundo patio para que haya dos cárceles en una, dos patios, un salón multiuso y economatos que administrará la Pastoral Penitenciaria.

“La cárcel resulta difícil por razones de seguridad porque no se tienen las herramientas para un control efectivo. Esa es la realidad que encontramos.

Yo no llevé la corrupción ni los privilegios a la cárcel pero los combato. No llevé el hacinamiento pero luchamos para mejorarlo. Tenemos el propósito de que aquí no haya sobrepoblación”, agregó.

En cárcel predominan precariedades
Los presos viven hacinados. Las celdas no tienen condiciones para la cantidad de internos que albergan. Los reclusos duermen en pésimas condiciones y la estructura del edificio está en muy mal estado (columnas y paredes con grietas).

Hay necesidad de una línea telefónica y un fax para poder agilizar y facilitar los tramites burocráticos y de proceso judicial. Sin comunicación telefónica, o de fax, es muy difícil notificar de los posibles traslados o de los cambios de sentencias.

Tampoco hay un minibús con las condiciones mínimas para trasladar los internos a los tribunales cuando tienen audiencias en Santo Domingo, San Cristóbal o hasta en el Cibao. No se les facilita de ninguna manera certificaciones de buena conducta para poder pedir traslados.

Solo los internos que dan problemas se les facilita un traslado rápido, pero los que se portan bien permanecen en la cárcel. Más del 50% de los internos proceden de Santo Domingo, El Cibao, La Romana e Higuey. Esto causa cuatro problemas: 1) acaba con la pobre economía de las familias. 2) reciben muy pocas visitas y apoyo de sus familiares. 3) retrasa el proceso judicial. 4) los internos se meten en problemas innecesarios porque la frustración genera violencia.

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