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Listin Diario
22 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:02 AM
La Vida 5 Marzo 2013
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FÁBULAS EN ALTA VOZ

Rodríguez Gómez rumbo al viaje eterno

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Marta Quéliz
martha.queliz@listindiario.com

Cuánto le gustaban los viajes. No barajaba uno. Rafael Rodríguez Gómez ahorraba durante todo el año para irse de vacaciones junto a su familia a un destino cualquiera. Me parece escuchar su voz consejera diciéndome: “Doña Marta... hay que visitar todos los sitios. No hay un destino más importante que otro. Lo que importa es conocer”. No lo hacía para ostentar. “Lo que disfrutamos en vida es lo que nos llevamos”, repetía constantemente. Ahora ha partido al viaje eterno y sí se llevó esa satisfacción a la tumba. Espero que hasta ese lugar sagrado le hayan acompañado su jocosidad, su buen humor y su forma chabacana de ver la vida. No hay necesidad de transportarlo a una ciudad fabulosa. Vivió en ella. Sin dejar de tomar en serio y con responsabilidad su trabajo, lo desempeñó con alegría y entusiasmo. Hoy en las paredes de la redacción de este LISTÍN DIARIO retumban sus ocurrencias. “Vieja Jacla nos vamos pa¥La Venganza”, “Dígame Lugo cuáles son las suyas”, “Almánzar ya estamos listos para irnos pa¥la playa”, “Doña Marta busque los chelitos para el crucero”... En fin, son todas estas cosas, que aún están vivas en nuestras mentes, las que harán imposible olvidarnos de nuestro adorado compañero. Lo conocí en el año 1997 cuando entré a trabajar a La Nación. Era mi jefe. Me daba una hoja timbrada con un párrafo para que hiciera una nota amplia sobre el tema. Yo tomaba el número de teléfono y completaba la historia. Al entregársela me decía complacido: “Caramba usted si que me coge la seña”. Eso me impulsaba a superarme cada vez más para complacerlo y descollar en la carrera. Yo tenía 20 y tantos años cuando entré a trabajar con él, y pese a ello siempre me dijo doña Marta. Claro, eso no era un obstáculo para realajar conmigo. Laborábamos en la tarde y noche. 

Todos los días nos invitaba a cenar a mí y a Yvonne Francisco. Jajajaa... Era una cena por fax o virtual. ¡Cuántas anécdotas guardo en mis recuerdos! Claro, esto sin dejar de lado sus enseñanzas, no solo en el plano profesional, sino también personal. Mis oídos aún conservan esos consejos susurrados que me daba todos los días cuando venía a mi escritorio a saludarme. “Doña Marta, no trabaje tanto, viva la vida que uno no sabe hasta cuando le dure”. Y bien que se empeñaba en que yo me fuera temprano para la casa. Me lo demostraba cada vez que terminaba de corrigir la sección y me llamaba para decirme: “Ya estamos listos. Váyase a comer caliente con sus hijos”. Era corrector de La Vida. Dependiendo del rendimiento en la correción de las páginas, es el avance del cierre de la sección. Nunca olvidaré su voz, el sábado antes de su muerte cuando me dijo que se sentía un poco mal, que si yo podía hacerme cargo de las páginas. “Claro que sí”, le dije. “Váyase y sánese, y nos vemos mañana”. “Si Dios quiere”, me respondió. No fue que el Señor no quiso, fue que prefirió llevarlo rumbo al viaje eterno para que disfrutara de la excursión divina. Lo triste es que no regresará para decirme: “Doña Marta, le tengo un trabajito para la sección de Viajes”. Mientras, aquí queda su legado, sus ocurrencias y su buen sentido del humor. Feliz viaje eterno, Rodríguez.

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