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FOLCLOREANDO

‘Matar el chivo’ 

  • ‘Matar el chivo’
Xiomarita Pérez
xiomaritabaila@gmail.com

En Puerto Plata y otros pueblos del Cibao era costumbre, cuando las amistades visitaban a una familia, preguntar por los hijos. Si los anfitriones tenían hijas, lo primero que les preguntaban era su edad y si la edad era 13 o 14 años, asombrados preguntaban ¿“ya mató el chivo”?, que es la menarquia o la primera llegada de la menstruación. Si no había “matado el chivo” no podía comer frutas cítricas como el limón, tampoco guineos o guanábanas. Los padres nunca prepararon a sus hijas para el “debut” de la etapa de señoritas, en cuanto a orientaciones sobre el riesgo de salir embarazada. Mientras no “desarrollara” no importaba que socializaran con los muchachos, pero si llegó esa etapa apartaban las muchachas de los varones, siempre había un chequeo permanente, porque en cualquier descuido podían irse a la empalizá y muchas veces las feromonas estaban encendidas. Las señoritas están en sus casas y cero juntadera con varones, jum!

Lo que se usaba para la menstruación eran paños o toallitas lavables; se ponían a hervir y quedaban blanquitas. Sólo las personas de altos recursos económicos utilizaban las “camelias” que era la marca de esa época de toallas sanitarias desechables. Todavía existen personas que se refieren al nombre comercial Camelia para nombrar el producto genérico. Kotex era otra marca más costosa.

Antes existían tantas inhibiciones que en vez de la muchacha expresar que tenía la menstruación, decía “la visita”, “la cosa”, “la costumbre”, “la regla”, “la cuestión”, “la amiga” y “la luna”, y si se le preguntaba delante de varones la chica sólo atinaba a levantar la vista como si mirara al cielo, que era una señal que tenía “la luna”.

Los remedios contra el dolor variaban. Tomaban aspirina, que es un anticoagulante, como el té de manzanilla, que  hacía “correr” la sangre; una bolsa de agua caliente en el vientre o una inyección de Magnopyrol. También era costumbre antes de desarrollar darle un compuesto vegetal de la Sra. Muller o Lidia E. Pinkan.

Muchas madres no permitían que sus hijas se bañaran en los primeros días y si lo hacían era con agua tibia. Tampoco se podían lavar la cabeza. Las creencias populares son parte de la cultura popular y, al paso del tiempo, se van transformando y solo quedan los recuerdos.

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