http://images2.listindiario.com/image/article/420/680x460/0/BB7DC705-A785-4B0E-9C8F-EFE48A3AA612.jpeg
Listin Diario
1 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 7:16 PM
La Vida 11 Febrero 2013
0 Comentarios
Tamaño texto
TESTIMONIO
Oportunidad para seguir viviendo
NO PRESTABA ESPECIAL ATENCIÓN A MI ORGANISMO. DIOS DECIDE LLAMAR ENTONCES MI ATENCIÓN
  • Cirugía. Previo al día de la intervención, me informan que por suerte mi corazón no ha sufrido daño alguno y que el problema son varias
    arterias.
Compartir este artículo
Carmenchu Brusíloff
Santo Domingo

“Los años pasan, pesan y pisan”. El refrán se convirtió en un mantra que repetía cada vez que me faltaba el aliento o me cansaba algo más de lo habitual al subir la cuesta entre mi calle y el supermercado. En cuanto a uno que otro mareo en diferentes lugares y circunstancias, los achacaba al vértigo de Menier. Aparte de que no le daba mente a esas madrugadas que despertaba sudando en una habitación fresca, o con opresión al pecho, que atribuía a los gases. En resumen: no prestaba especial atención a mi organismo. Dios decide llamar entonces mi atención mediante un instrumento inusitado: una cortina “blackout”, que se me ocurre montar, pese a estar preparando viaje y ya con boleto pagado. Llamo al propietario de un taller de tapicería y cortinas, señor Paula, a quien conozco hace años. Me responde una hija: su padre fue operado del corazón. Al preocuparme por su salud me sugiere conversar con él, dándome el número de teléfono de la casa. Así lo hago. Él me explica que acostumbraba caminar cada día, hasta que empezó a sentir un extraño cansancio. Luego de varios chequeos y estudios, tuvieron que operarle del corazón.

Sus palabras me sacudieron. Decidí fijarme en cada señal de advertencia que lanzara mi cuerpo, a las que se agrega el estallido sin razón, en cuatro oportunidades, de algún vaso capilar en mis manos. Mi resolución: hacerme un examen general de prevención en el Hospital General de la Salud, antes de salir de viaje. Por los resultados, el doctor Cambiasso me recomendó acudir enseguida al Departamento de Cardiología. Preferí llamar al doctor Delio Guzmán, que, amén de cardiólogo, es alguien muy querido por mí y toda la familia: “Estoy en el Hospital de la Salud, me voy de viaje el 28 y me dicen que debo hacerme un chequeo especial de cardiología”. En la tarde me recibe en su consultorio, y tras los correspondientes chequeos me indica una tomografía coronaria. Me comunico con Cedimat: la cita es para la semana siguiente. “No, no, yo la quiero para este viernes, pasado mañana”, insisto. Y así se hace. Tengo aún la esperanza del viaje. Cuando en la fecha correspondiente informo a Delio que los resultados me los dan días después, me asombra diciendo: “Ya tengo los resultados. Tiene que cancelar el viaje”. ¿Cancelar? Será posponer... “Es cancelar. Posponer sería por dos o tres meses, y ahora hay que ocuparse de su salud”. Mi único comentario: “¡Entonces estoy jodida!”. Tal parece que tengo tres arterias obstruidas. (Después me entero que de haber montado en el avión en la fecha prevista, no llego al destino).

Guzmán me refiere al doctor Pedro Ureña, quien siguiendo los pasos correspondientes para este tipo de problema de salud, me haría cateterismo. Al intentar el proceso descubrió que este no resolvía la situación y, cuando estoy en Recuperación, se presenta ante mí acompañado de mis hijos, el cirujano cardiovascular Freddy Madera y otros dos médicos: la principal arteria (cuyo nombre dice, mas no recuerdo) está obstruida en un 90 por ciento. Hay que ponerme bypass. La operación no puede tardar: será el jueves 3 de enero. ¡Vaya comienzo de año!

Donación de sangre
Para este tipo de cirugía (revascularización coronaria), el cirujano exige tener disponibles una específica cantidad de pintas de sangre. Lo que no podíamos suponer es que las donaciones solo se aceptan dos días antes: el 1 de enero, y sin haber ingerido alcohol por 48 horas. La fecha abruma. ¿Quién deja de tomar alcohol el día de fin de año? Madera sugiere usar Twitter para solicitar la sangre. Necesitamos ocho personas. Responden amistades, familiares, parientes y desconocidos; y hay personas a la espera en sus hogares, por si alguien falla. Mi agradecimiento a todos será eterno.   

Plena confianza
Previo al día de la intervención, me informan que por suerte mi corazón no ha sufrido daño alguno y que el problema son varias arterias. Mi hijo menor compara mi caso con un auto: el corazón es la carrocería en buen estado, pero con las gomas lisas. Un médico presente le corrige: el motor (corazón) está en excelente estado, pero las bujías (arterias) están oxidadas. Es la única conversación que sobre la cirugía me permito, y esta era en plan de broma. Es que me negué a leer el folleto relacionado con mi operación y no acepté explicaciones verbales. Fui tajante y terca: “Si quieren una paciente cooperadora, no me den explicación alguna. Dénsela a mis hijos”.  Confiaba en el equipo de Cedimat y en la mano de Dios. Tal actitud me dio excelentes resultados. En momento alguno tuve miedo de la intervención quirúrgica. Ni sufrí pesadillas. Ni pensé en ella durante el día. Ni me vi precisada a tomar pastillas para conciliar el sueño los días previos a la hospitalización. Estaba tan en paz conmigo misma que, decidida a mantener mi aspecto de siempre, la mañana antes de la cirugía, pregunté a mi tocaya Carmen, de la peluquería Mylaury’s, si la propietaria le daría permiso para teñirme el pelo en mi casa. Así lo hizo. Era un intento para que mi familia no me viera con un rostro fantasmagórico.

(+)
DE LA CLÍNICA A LA CASA

Lo que me tomó de sorpresa fue una crisis emocional pasajera que sufrí al abandonar la seguridad de Cedimat para dirigirme a mi hogar (pese a contar en él con una enfermera). Por suerte pude sacudirme. Hoy sigo al pie de la letra las instrucciones: ejercicios de espirometría, deambular por la casa, una específica gimnasia de piernas, cuello y relax, dieta contra el colesterol alto y no cargar más de cinco librasÖ Empero necesito ayuda para subir y bajar de la cama y ponerme la media elástica en la pierna de donde extrajeron una vena, amén de que, como una niña, sigo aferrada a  un gran corazón rojo que sirve de protección para el pecho  (son dos meses los que tarda en “soldar” el hueso), y sigo al pie de la letra las indicaciones de mi cardiólogo, Delio Guzmán, mientras veo esperanzada cómo disminuyen las ligeras molestias de las heridas y empieza a difuminarse la extraña percepción de que tengo la piel estirada sobre un bastidor en el pecho.   

COMENTARIOS 0
Este artículo no tiene comentarios
Comentarios | No tiene cuenta? Cree su cuenta | Recuperar contraseña
Debe estár logueado para escribir comentarios
Usuario Contraseña