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La Vida 7 Marzo 2012
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MEMORIAS DE VIAJES
Madrid para deambular...
Carmenchu Brusíloff
menudocb@yahoo.com

En la Gran Vía, entro en uno de los tantos locales que funcionan en Madrid bajo un mismo nombre: la marca de Café y Té. Me apetece un zumo de naranja. Tras no sé cuánto tiempo de estar sentada sin que nadie me atienda, a un mozo latinoamericano que pasa a mi vera, le pido con cortesía “Cuando pueda, por favor”. Voltea hacia mí su rostro marcado por el ceño fruncido, y repite cual sonsonete “cuando pueda”. Minutos van, minutos vienen, y a la mesa no se acerca ni él ni ningún otro camarero. Simplemente me levanto y me voy. Cruzo al otro lado de la Gran Vía, y me dirijo hacia una cercana cafetería de VIP’s, donde una joven española prontamente se acerca a tomar mi orden.

Tras este alto en el camino y luego de mucho andar y pasar las horas con una prevalencia del quita y pon de piezas de abrigo, pues a veces entre cuadras baja o sube algún grado la temperatura, recalo en el barrio de Salamanca. En la calle Lagasca, a la altura de Conde de Aranda, entro a Pinchos El Cano, un lugar donde, por lo que ante mi vista asoma, los parroquianos son en gran parte adultos jóvenes. Pido una copa de vino tinto acompañada de un pincho de croquetas. Por fuera están crocantes mientras por dentro el relleno es bien suave. No sé si es hambre o qué, pero las encuentro muy buenas.

Prosigo hasta Alcalá, donde en la esquina con Lagasca en una iglesia se venera la Virgen de Luján, patrona de la República Argentina. “¡Sé bienvenido!”, leo en un cartel. Es la parroquia de San Manuel y San Benito, de los padres agustinos. Luego de caminar unos pasos, me detengo a muy corta distancia para hacer unas anotaciones. De pronto, escucho a mi lado una voz: “Perdone, ¿por aquí hay una iglesia?” “Ahí en la esquina, pero ahora está cerrada”, respondo, mientras prosigo hacia la confluencia de avenidas donde se extiende la Plaza Independencia. En su centro, la Puerta de Alcalá, construida en 1778 por Francisco Sabatini, en granito. Su color gris contrasta con las piezas escultóricas realizadas en piedra de Colmenar. Empiezo a sentir el sol. Y, sin embargo, el termómetro apenas marca 228C. Un clima delicioso que alienta a cualquier viajero a deambular por el famoso y amplio Parque del Retiro, que tengo ya ante mis ojos. Con su entorno ajardinado, esculturas diversas y el Palacio de Cristal (una estructura de metal y cristal), en un tiempo se tenía este parque como uno de los sitios más románticos en la capital de España. En este parque se encuentra la única estatua dedicada al Ángel Caído (al demonio). Es una fuente, cuya obra estuvo a cargo del escultor Ricardo Bellver, quien se inspiró en unos versos de El Paraíso Perdido, de John Milton. La vi muchos años atrás. Es suficiente.

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