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23 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 9:34 AM
Página Verde 23 Febrero 2012
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VIDA VERDE
Ciudadano sostenible
ANTE LA CRISIS CONSUMIMOS MENOS, PERO… ¿SOMOS POR ESO MÁS ECOLOGISTAS?
  • Alternativa. Quizás sea el momento apropiado para introducir productos ecológicos y desarrollar
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Isabel Martínez Pita
(EFE) Reportajes

La crisis económica que afecta a muchos bolsillos de los países industrializados del mundo ha provocado que cada familia, cada habitante, se formule su vida de forma distinta para evitar los gastos que, hasta hace poco, no se tenían en consideración.

Según los expertos el derroche al que muchos de los habitantes de este planeta estábamos acostumbrados ha creado desigualdades entre pueblos y continentes, ha generado basura en grandes cantidades y, en muchos casos, no degradable.

También hay corrientes de opinión que indican que se ha consumido alegremente energía procedente de materiales fósiles hasta el punto de generar cambios climáticos y, sobre todo, se ha impuesto una mentalidad de “usar y tirar” que no existía en épocas anteriores.

Pero, aunque este ahorro al que nos vemos obligados favorezca la ralentización del deterioro del medioambiente, según los ecologistas, esta crisis no ha proporcionado una mayor concienciación medioambiental.

Esta concienciación y su consecuente movimiento actúan con lentitud y tienen su origen hace décadas, pero se instaura de forma segura, y proporcionará, posiblemente, una alternativa a una sociedad que ya sufre las consecuencias del consumo desproporcionado.

No despilfarrar
Para Isidro Jiménez, portavoz de la Comisión de Consumo de Ecologistas en Acción, “la sociedad tiene una percepción de que se han hecho cosas mal y que ya no se puede despilfarrar, pero cuando se llega al terreno de lo concreto, de la compra diaria, eso se traduce sencillamente en comprar marcas más baratas, por ejemplo. Esa es una tendencia muy clara. Hay un ahorro en ciertas cosas, pero no traducible a una mentalidad  de por qué es necesario limitar nuestro consumo despilfarrador”.

Según Jiménez, que aporta además la visión que analistas sociales han presentado recientemente en la Fundación de la Universidad Complutense de Madrid, basada en estudios sobre los nuevos hábitos de consumo, la idea de que no se debe abusar porque no es sostenible “no llega a fraguar del todo, lo que funciona es una idea más sencilla y básica, ‘no me puedo permitir eso porque no tengo dinero, pero si lo tuviera me lo permitiría’. Son motivos distintos”.

“Pero esa postura -continúa Jiménez- no es coherente con la responsabilidad social que sabemos que tenemos por haber abusado en una etapa de crecimiento bestial. Lo que sí que vemos es que, efectivamente, la gente tiene cierta predisposición a asumir que en una etapa como esta va a haber que reducir gastos y limitar lujos, pero esto no está ligado a temas ambientales o de sostenibilidad”.

Quizás sea el momento apropiado para introducir productos ecológicos y desarrollar tecnologías más limpias porque, además, terminan siendo más baratas, según Isidro Jiménez, quien además argumenta que “la población tiene una percepción de que lo ecológico es más caro, aunque tenga esos condicionantes de sostenibilidad, por lo que, entre lo más caro de lo ecológico y lo más barato, el gran vencedor es el último, es decir, productos muy ajustados de precio, como sucede con las rebajas”.

A pesar de todo, desde hace años crecen las apuestas por alternativas de consumo sostenible, apunta el especialista, y ya “hay mucha gente que está haciendo cosas con ese objetivo. Pero tengo serias dudas de que eso haya aumentado con la crisis, aunque ésta haya fomentado algún pequeño modelo. Yo creo que es un proceso que viene dándose lenta y progresivamente desde hace años como, por ejemplo, el crecimiento de los grupos de autoconsumo en alimentación, que se están ampliando en algunos barrios de grandes ciudades que tienen consumo autogestionado”.

MODELOS DE SOBERANÍA ALIMENTARIA
La soberanía alimentaria es un proceso en el que la autogestión de la producción elimina gastos de intermediarios y costes añadidos a los productos que, generalmente, se encuentran en la venta al consumidor.

La idea que transmiten es la de productos locales para consumir por las poblaciones locales. Estas experiencias se están impulsando en amplias zonas de América Latina y Asia, como alternativas al consumo actual que, “además de su coste económico, resultan poco ecológicas, ya que para su producción masiva requieren de pesticidas y conservantes”, añade el experto.

Jiménez subraya: “La soberanía alimentaria en esos países tiene un proceso de 15 o 20 años de tradición, y en países del norte de Europa el gran ‘boom’ del comercio justo surgió antes de la crisis, no con ella”.

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