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21 Septiembre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 9:44 PM
La Vida 13 Diciembre 2012
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PERSONAJES DE NAVIDAD
Un Santa Claus en el siglo XXI
¿DESTINO? NICOLÁS CALDERÓN –SÍ, SE LLAMA IGUAL QUE SANTA– LLEVA MÁS QUE ALEGRÍA A LOS NIÑOS DOMINICANOS DESDE 1982.
  • Nicolás Calderón. El niño de la imagen es su nieto Sebastián Andrés.
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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

Nicolás Calderón tiene el honor de llevar el nombre de Santa Claus. Y, por coincidencias –o no– de la vida, ¡es también un Santa! Al menos lo ha sido durante los últimos 30 años.

Su historia es tan mágica y especial como la Navidad. Calderón nació el 10 de octubre de 1965, pero a sus padres no les gustaron los nombres que, como era costumbre, les sugería el almanaque Bristol para ponerle al niño. Continuaron la lectura y al llegar al seis de diciembre se toparon con que ese día era dedicado a san Nicolás de Bari, el obispo católico del siglo IV que inspiró y dio vida a quien, con el paso de los años, se convertiría en el personaje de Santa Claus o Papá Noel. Y ese nombre sí les gustó.

Talentoso para las artes dramáticas y carismático con los niños, Calderón siempre estuvo ligado a las actividades artísticas, desde pequeño, en la escuela y en la iglesia. A principio de los años 80 recreaba por encargo a los personajes de Disney (toda una sensación en ese momento) y en 1982 una ferretería lo contrató para que se vistiera de Santa Claus. Nicolás era tan flaco que tuvo que recurrir a su ingenio para rellenar la barriga con casquitos de polipropileno y los brazos y piernas con “suapers”. Desde entonces, todos los años para estas fechas, se transforma en Santa Claus.

Parte de su vida
Fotógrafo de profesión, Calderón dice que la formación de hogar que recibió (su mamá era catequista) y su empatía con los niños le han facilitado el trabajo de Papá Noel todos estos años. Y disfrutarlo, vivirlo y compartirlo con una pasión contagiosa.

Las hijas de Nicolás (tres, ya adultas) crecieron pensando que su papá era un ayudante del Santa Claus real y sus hijas colaboraban con él vestidas como duendecillos. “Claro, porque como eran tantos niños en el mundo, Santa no podía estar en todos los lugares al mismo tiempo, y entonces él me mandaba uno de sus trajes para que le ayudara. Esa era la fantasía, llevarle la alegría a esos niños a donde él no podía ir”, explica.

Mantener ese espíritu de fantasía, esa ingenuidad bonita, expresa, está haciendo falta hoy día y por eso le entristece que esta tradición tome matices comerciales, o que muchos padres no les permitan a los niños vivir la experiencia de acercarse a Santa en las plazas comerciales.

“Dejarlos que se lleven esa alegría de ver a Santa Claus, de sentarse con él, de hacerse fotos, de llevarse ese momento para sus casas, eso tiene un valor que muchas veces nosotros no sabemos cuantificar”. De ese valor hablan las historias que ha recopilado a lo largo de estos 30 años haciendo de Santa, anécdotas que, muchas veces, tienen orígenes muy tristes.

Entre ellas recuerda la vez en que un niño llamó a un programa de televisión donde se presentaba y, en el aire, le pidió un “papi nuevo”, porque el suyo había muerto. Y aquella ocasión en la que un niño de unos 13 años le perseguía en una fiesta de juguetes porque –eso pensaba Calderón–, quería “descubrirlo”; pero al chocárselo en un pasillo cuando ya se iba a desvestir, y decirle al niño que no debía estar por allí porque se trataba del área administrativa, el adolescente se le acercó y le dijo: “Sí, Santa, lo que pasa es que yo te quiero preguntar algo.  Como tú vives cerca de Dios, allá en el cielo, yo quiero mandarle un mensaje a mis padres contigo”. Calderón cuenta que la piel se le “engrifó”, porque intuía perfectamente lo que le había pasado al niño. El adolescente – Calderón también se sorprendió de que, a esa edad, aún creyera en san Nicolás- le contó que sus padres y su hermanita habían fallecido un año antes en un accidente. “Y yo quiero mandarles a decir contigo, porque yo sé que tú vives cerca de Dios en el cielo, que yo me estoy portando bien, y que yo soy un niño bueno”. ¿Cómo no emocionarse con esas cosas?, sostiene Calderón.

El Santa dominicano responde con atinados mensajes de aliento, consuelo y esperanza estas intervenciones y en esas respuestas radica, considera, la diferencia entre las personas que adoptan el personaje por dinero y aquellas que lo hacen por vocación.

En ocasiones prácticamente tiene que hacer las veces de consejero y hasta psicólogo, situaciones en las que se convierte en el amigo cómplice de niños con condiciones especiales y otras en las que ha provocado acciones milagrosas. ¿Ejemplo?

Estando en una juguetería, una señora se le acerca con un niño en brazos y le pide que lo cargue, porque no camina. “Pero si tiene tres años”, le dice Santa, y la mamá responde que el pequeño no quiere caminar, que sufre un retraso mental (Nicolás no recuerda el nombre exacto de la condición) provocado por la ausencia de su padre, que se marchó a vivir a Estados Unidos y al que era muy apegado. Santa lo carga para tomarse la foto, le pregunta cuál es el juguete que quiere (un carrito) y le dice que si camina con él hasta donde está el carrito, se lo puede llevar. Al principio no quería (que le dolía, se quejaba), pero Santa le insistió.

“Soy Santa, te vas a sentir bien, le digo. Mamita, agárralo por ahí y yo por aquí, y comenzamos a dar pasitos. Le digo ahora tienes que caminar solo hasta donde está el carrito, para yo entregártelo, y el  niño caminó. Y le regalé el carrito, y se fue con una alegría, convencido de que Santa le había regalado el carrito. Luego me contaron que la madre regresó a la tienda para dar las gracias porque el niño volvió a caminar”.

Vocación
¿Y no sentirá Calderón remordimientos por ser parte de una fantasía, de una irrealidad? “Lo que a mí me compensa es que en este trabajo, en el fondo, hay algo de magia en el personaje. Desde que me pongo esa barba y me visto ya no pienso como yo, me transformo. Veo que tiene más sentido encarnar el personaje con un criterio de que estás caracterizando a un santo, a una persona que hizo muchos milagros y que llegó a los corazones de mucha gente; porque la verdad que hacerlo con el sentido mercurial, al final de cuenta no deja nada”, responde.

Pese a tener ya tanto tiempo dando vida a san Nicolás, Calderón mantiene el mismo entusiasmo de los primeros años.

“Lo hago todos los años porque ya hay una tradición de clientes que ahora tienen nietos que me esperan en su casa los días 24, porque las tiendas con las que uno trabaja demandan a Santa, y por ese cariño que los niños le dan a uno y la alegría que manifiestan también algunos adultos cuando ven la realidad del personaje, porque es que lo hacemos con mucho respeto y con mucho amor”.

EN DETALLES
¿Qué  piden los niños? Calderón admite que la mayoría de los niños pide juguetes carísimos. ¿Los más solicitados sin importar el costo? Juguetes de Ben 10, bicicletas, patinetas y videoconsolas.

Generosidad. Al margen del trabajo, Nicolás regala juguetes a los niños de manera personal o en alianza con instituciones benéficas. Uno de sus primeros gestos sociales estuvo dirigido a los niños limpiabotas,  a quienes mandaba a construir cajas y se las entregaba con juguetes dentro.

Calderón, además, ha formado a otros “santa” que hoy se dedican también a alegrar a los niños. Su contacto: cokyshow@hotmail.com

Concepto corporativo. Y si un día lo ve como Santa vestido con traje azul, morado, con luces o con lentejuelas, todo forma parte del concepto corporativo que desde hace varios años Calderón asocia a la imagen de san Nicolás.

“Con este concepto Santa se puede vestir de cualquier color. Hay una historia comercial detrás de los colores rojo y blanco pero en realidad San Nicolás fue un obispo, y los obispos se vestían de acuerdo al color que les tocaba según el calendario de la iglesia. Quiero llevar  a la gente la imagen real de un Santa Claus partiendo del personaje real, que es Nicolás de Bari”.

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