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La Vida miércoles, 24 de octubre de 2012
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FOLCLOREANDO

‘Las huellas de Manuela’

  • ‘Las huellas de Manuela’
Xiomarita Pérez
xiomaritabaila@gmail.com

 De “las huellas” de Manuela me acuerdo muy poco. Sí tengo en mi memoria a la misma doña Nena, una señora muy recta; siempre la veía camino a la iglesia, como fiel predicadora, y escuchaba desde mi casa cantos de alabanza, acompañados del bandoneón tocado por ella. Apenas teniendo 9 años, recuerdo el himno “Cruzando el valle voy hasta llegar allá, a la mansión de luz, para vivir con mi Jesús. Allí no habrá dolor ni llanto para mí, yo siempre cantaré, siempre feliz con mi Jesús”. No sé si fui a la iglesia con ella o la escuchaba cantar, pero jamás se me olvidó este canto.

La familia Castillo, integrada por doña Nena, don Ramón y sus hijos Elsa, Carmen, Rosita, Rachel, Frank y Eunice, vivía frente a mi casa en la Salomé Ureña casi esquina Villanueva en Puerto Plata. No conocí a Rafael e Idavelga, pero también son parte de la familia.

Después de casi 40 años es que Eunice -Nuna- Castillo y yo nos hemos reencontrado, y fue en la Feria del Libro Dominicano de Nueva York el año pasado, cuando participé con un taller de folklore y la puesta en circulación de uno de mis libros, y Eunice puso a circular el libro “La huella de Manuela” y no sabía que la obra era dedicada a su madre. Nos volvimos a ver por segunda vez en la feria de NY de este año y me regaló esa huella que yo tanto ansiaba para compenetrarme mucho más con esta familia y volver a mis años de infancia, recordando a Manuela de pasos cortos, rápidos, pero firmes.

No hay que haber conocido a doña Nena para saber cómo era, basta leer “Poemas a tu silueta’’, desde donde Eunice se transporta a aquellos tiempos para traer a los lectores las vivencias cotidianas de este temple de mujer que dejó huellas. Esas huellas también están plasmadas en el prólogo del poemario de 78 páginas, realizado por su amigo, poeta y compueblano Eduardo Díaz Guerra, quien, además, destaca no solo las huellas de Manuela o Nena, sino las huellas de Eunice, cuando fue alumna destacada del maestro Rafael Arzeno.

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