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La Vida miércoles, 15 de junio de 2011
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FOLCLOREANDO

Cota no costra

  • Cota no costra
Xiomarita Pérez
xiomaritabrinca@hotmail.com

Hace varias décadas se escuchaba a las madres decir “vete a bañar que tienes cota”. No sé si es que porque los tiempos han cambiado por el trajín diario o porque existe otra palabra que desconozco que ya no la escucho. Pero esa era la palabra que se utilizaba cuando un muchacho tenía un collar de sucio en el cuello o detrás de las orejas, o por qué no, en las articulaciones donde se acumulan las sales dejadas por el sudor.   

Sé que cuando estén leyendo se recordarán cuando los padres nos revisaban las orejas y el cuello, antes de irnos para las escuelas y colegios, para chequear si teníamos “cota”, lo que indicaba que no nos habíamos bañado correctamente. Lo que seguía era desvestirnos y entrarnos a la bañera y con una toallita quitarnos “la cota“con el dedo índice envuelto en una toallita o con un “musú”.

Cuando hablo de los muchachos incluye también a las hembras, porque no me gusta esas divisiones de géneros, que lo que ha hecho es que también nosotras las madres, nos tiremos a las calles a trabajar  por 20 horas y dejemos a esos muchachos solos y no tengamos ni espacio ni tiempo para revisarlos, inspeccionarlos o supervisarlos, por si acaso tienen “cota”. En eso deberían estar esas madres que todavía no se cansan de trabajar en las calles ni de estudiar, hacer postgrados y maestrías, mientras los hijos, además de oler a “chimicuí” se están criando solos, sin tener al lado a sus padres para que los deshollinen. En esta época hay más drogadicción, más delincuencia, anormales preferencias sexuales, incesto... porque estos jóvenes no tienen afectos y quienes deben suministrarles esos lazos están trabajando para poder alimentarlos. Quien esto escribe prefiere que esos muchachos coman plátanos vacíos o que tengan una microempresa en sus respectivas casas que los integre a todos, ya sea vendiendo helados artesanales, una tiendecita, yaniqueque, en fin, existen infinidades de negocios que se pueden hacer de la casa. Lo peor de todo es que cuando estos padres quieren darles afectos es muy tarde. Ya otra persona lo está haciendo por usted. Esos padres ¿nunca han pensado qué están haciendo sus hijos en sus propias casas? ¡Alerta!

Ojalá que esta reflexión sirva de aliento para recapacitar en cuando a la crianza hogareña.

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