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La Vida miércoles, 01 de septiembre de 2010
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FOLCLOREANDO

Médicos y profesores

  • Médicos y profesores
Xiomarita Pérez
xiomaritabrinca@hotmail.com

Me pasé seis días hospedada “todo incluido” en el Centro Médico de la UCE. Como me gusta aprovechar el tiempo, cada vez que los médicos residentes visitaban a mi hija conversaba con algunos de ellos y les preguntaba qué tal su experiencia en los pueblos donde hicieron su pasantía. La mayoría me expresaron sobre los usos de la medicina folklórica de algunos pacientes. Pensé inmediatamente en el Dr. Rafael Cantisano, quien hizo su pasantía en el 1952 en una zona rural y recopiló el historial patológico de cada paciente  y cómo éstos recurrían a procedimientos naturales para curarse de ciertas enfermedades. El Dr. Cantisano está incluido con un artículo en el manual “Medicina Folklórica y Atención Primaria” de la serie Salud y Medicina Popular junto a otros investigadores, que editó la SESPAS en 1980.

El entusiasmo y la relación con la gente del campo fueron tan interesantes que auspició y organizó los Festivales Folklóricos de la Isabela, Puerto Plata. También me recordé de dona Edna, que plasmó en su “Reseña histórica del folklore dominicano” datos suministrados por profesores e inspectores de escuelas públicas de Higuey y de Bonao, sobre las costumbres y tradiciones de esos pueblos del país. Los médicos y los profesores son los enlaces perfectos para el suministro de estas informaciones. No se imaginan cuanto se aprendería, inclusive se harían comparaciones.

Los médicos pasantes y los profesores,  además de la medicina folklórica y las expresiones orales, recogerían las comidas y bebidas, las relaciones sociales, etc. Debo decir que lo más importante de estas vivencias es que, principalmente, los médicos son los líderes en esas comunidades, los comunitarios les tienen fe a estos profesionales de la salud. Tanto es así que cuando se sienten aliviados le llevan por agradecimiento un pollo  o un par de huevos criollos, un racimo de plátano, y en Navidad ese marranito mejorado para que el médico acompañe su cena. Todo esto por el trato afable y desinteresado del profesional, que muchas veces llega a la zona rural sin la familia. No todo se ha perdido. Contribuyamos a mejores relaciones con esos “prójimos”, aprendamos de ellos, vivamos esa experiencia de aportar un granito de arena escuchándolos con interés, porque son los portadores de las costumbres y tradiciones nuestras.

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