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La Vida miércoles, 26 de mayo de 2010
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FOLCLOREANDO

Pepe-pepe-pepe

  • Pepe-pepe-pepe
    Xiomarita Pérez
Xiomarita Pérez
xiomaritabrinca@hotmail.com

Logré que la mayoría de los jóvenes que asistió a la FIL-2010 se compenetrara con los juegos tradicionales y bailes folklóricos dominicanos y del mundo. Sí, lo logré, pero tuve que colocar la música que ellos querían escuchar, que querían bailar, porque es la que está de moda, es la que venden en la avenida Duarte, en las tiendas de discos o la que bajan de la Internet. La sarandunga, el carabiné, la mangulina no las venden, no se escuchan en la radio, porque “eso no deja”.

El “pepe”, un dembow (reguetón moderno) y el “jerk” es lo que se está escuchando, es lo que hace que estos jóvenes se concentren en sí mismos y que no escuchen a nadie, son “sordos” inconscientes. Esa música es su refugio, porque no se les hace caso, no se les toma en cuenta. Voy más lejos: no se les da afecto, y buscan en este lado de la acera esos desahogos.

Tuve que bailarlo, mal bailado, porque lo escucho poco, pero lo hice y traté de hacerlo para llegar a ellos. Tuve que “echarle” mucho maíz a las palomas, para que me hicieran caso. De otra forma no podía lograrlo, pero, al menos, quedaron en su memoria muchos bailes que desconocían. Además de los mencionados, están guloyas, congos, pripri, son, merengue folklórico o perico ripiao, típico, clásico o tradicional y popular. De otros países oyeron cumbia, tambores, plena, chachachá, kompa, Calipso, vallenato.

Negocié con ellos. Me enseñaban pepe y yo les enseñaba los ritmos folklóricos. Luego me pedían otra vez que los complaciera y les expresaba que luego los complacería y lo hacía, no les hablaba mentiras.

La suerte es que fueron dos o tres personas que criticaron lo que hacía, ¡no me importa! Desconocían cuál era el objetivo, la mejor forma de llegar a ellos (si lo que estamos haciendo no funciona, hay que buscar la manera). La tarima principal fue un lleno total, no hubo desperdicios. No importa que la juventud escuche esta música (no necesariamente las letras, en algunos casos) mientras conozcan de su cultura y la aprecien. Aún nos queda tiempo para enseñar, nosotros somos los llamados a transmitir el amor hacia lo nuestro y el conocimiento, porque si no dirán en un futuro: “El merengue era un baile del tiempo de mis abuelos” y “la bachata se bailaba mucho, pero eso ya no se usa”.

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