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La Vida martes, 30 de noviembre de 2010
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MES DE LA FAMILIA

Trabajar en familia

PARA ALGUNOS ES UNA FORMA DE UNIR SUS DOS FACETAS PRINCIPALES: LA DE PADRES Y LA DE ENTES PRODUCTIVOS

  • Trabajar en familia
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Jaclin Campos
jaclin.campos@listindiario.com
Santo Domingo

Miles de personas enfrentan el dilema de combinar trabajo y familia de forma efectiva. Otros, como resultado de una decisión o en una de esas vueltas de la vida, han salido de la encrucijada creando sus propias empresas y haciendo partícipes a sus parientes.

Una combinación de dos facetas tan importantes, la paternidad y la vida productiva, no sólo debería redundar en beneficios para la empresa, sino también para la familia y en especial para los hijos, quienes tienen la oportunidad de aprender el valor del trabajo y el esfuerzo que sus padres hacen para llevar el pan a la mesa.

DOS JEFES DE FAMILIA CUENTAN SUS CASOS 
LUIS MARINO LÓPEZ:
El fundador de la exitosa cadena de restaurantes Adrian Tropical ha tratado de inculcar en sus tres hijos el valor del trabajo, asignándoles labores como camareros o asistentes los fines de semana.

XIOMARITA PÉREZ: La actual directora nacional de Folclore dejó un buen empleo hace 12 años para crear una escuela de ritmos folclóricos y así poder pasar más tiempo junto a sus tres hijas. Las chicas pronto se fueron sumando a las labores de la escuela.

El trabajo como asunto de familia
El trabajo y la familia siempre van de la mano. ¿Por quién, si no por los miembros de su hogar y en especial por sus hijos, se esfuerza de sol a sol quien es cabeza de familia? Hay hogares que llevan un poco más allá esa combinación entre los lazos de sangre y la vida productiva. Sus miembros trabajan unidos a favor de una misma empresa, sea ésta grande o pequeña.

El ejemplo de Luis Marino López, fundador y propietario de Adrian Tropical, y Xiomarita Pérez, creadora de una escuela de bailes folclóricos, demuestran que trabajar “por” y “con” la familia puede tener sus ventajas tanto para la empresa como para la parentela.

‘Mi mayor empresa son mis hijas’
Amelia Holguín Pérez recuerda los días de su infancia cuando su madre, Xiomarita Pérez, tenía dos empleos.

Ella y su hermana Noelia trataban de permanecer despiertas hasta que Xiomarita llegara a casa cerca de la medianoche y les diera el beso de buenas noches.

Episodios como ese llevaron a Xiomarita, quien entonces laboraba en las mañanas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y en las tardes en LISTÍN DIARIO, a tomar una decisión un tanto arriesgada: independizarse.

Abandonaría una posición estable que le había permitido educar a sus tres hijas con holgura y se lanzaría a la aventura de crear una escuela de baile.

“El asunto es que cada vez que yo llegaba en la noche mis hijas estaban durmiendo”, comenta. Para rematar, cuando estaba libre se sentía tan agotada que no podía departir con las niñas como habría deseado.

Con el cambio, sus hijas no sólo tendrían tiempo para verla, sino que también debían colaborar con la pequeña empresa fundada en febrero de 1998. Amelia y Noelia, que por entonces tenían cinco y doce años, respectivamente, no podrían ayudar en un principio por su corta edad. Sin embargo, Natalia, la mayor, sí.

“Una forma de diversión”
A sus catorce años, Natalia dirigía los ejercicios de calentamiento, organizaba la música y hasta bailaba junto a los alumnos. Por la naturaleza de la empresa, veía su misión como una forma de diversión.

“Yo no lo veía como un trabajo en sí hasta que mami me dio un cheque o un sobre y me compré un CD player”, recuerda.

Pero Xiomarita se cuidaba de que el dinero no fuera el aliciente que moviera a sus hijas y nuevas colaboradoras. Esperaba que aprendieran a amar el trabajo más que el pago.

Después de todo, el dinero que generaban las clases se destinaba a cubrir necesidades del hogar, por tanto, aunque las chicas no recibieran un salario fijo sí se beneficiaban del trabajo.

“En un principio –explica Xiomarita– el reconocimiento no era económico”. Pero era tanto o más valioso que el dinero. Así se sintió Noelia cuando, después de un par de años en las actividades de la escuela, su madre la presentó ante los alumnos como instructora.

“Fue como un reconocimiento y me gustó saber que mami reconocía que yo estaba haciendo una labor importante”, comenta Noelia.

UNIDAD QUE PERMANECE A PESAR DEL TIEMPO
Hoy, cuando cada una de las Holguín Pérez forja su camino (Natalia, de 26 años, se graduó de abogada y espera un hijo; Noelia, de 24, estudia Mercadeo, y Amelia, de 17, hace un bachillerato técnico en electricidad) si hay que levantarse de madrugada para un viaje cultural o un curso, las Holguín Pérez están dispuestas a hacerlo sin pensar en una retribución monetaria.

Con la decisión que su madre tomó hace 12 años ganaron algo más importante. “Eso me enseñó mucho el valor de la familia”, expresa Noelia. “En el futuro, como madre, voy a tener muy en cuenta que el tiempo con los hijos es irrecuperable”.

La siempre inquieta Xiomarita resume de este modo: “Mi mayor empresa son mis hijas”.

El negocio como oportunidad de acercamiento
Detrás de un gran hombre, dice el dicho popular, hay una gran mujer. En el caso de Luis Marino López, quien pasó de tener dos carritos de sándwiches a fundar la cadena de restaurantes Adrian Tropical, hay tres jovencitos a los cuales dar ejemplo: Luis Oscar, de 19 años; Marino Adrian, de 17, y Eddy Arturo, de 16.

Luis Marino se destacaba por su espíritu emprendedor y su capacidad de trabajo. Y desde muy temprano él y su esposa, Luz Miladys Cruz, decidieron transmitir esos valores a sus hijos.

El mayor de los hermanos López Cruz lo recuerda así: “Mi mamá siempre le decía a mi papá que había que inculcarnos el valor del trabajo”.

El joven estudiante de administración actualmente dirige dos “pequeños proyectos” de reestructuración en la empresa familiar.

Sus inicios fueron todavía más “pequeños”. Su padre lo llevaba los sábados por un par de horas a ayudar a lavar uno de los carritos de comida. “Para mí era divertido porque había mucha agua”, recuerda el muchacho.

Más tarde, con el nacimiento de Adrian Tropical, el chiquillo pasaba las tarjetas de crédito. De nuevo se trataba de una misión supervisada que no le ocupaba más que algunas horas del fin de semana.

Sus hermanos luego de él también se integraron en los negocios familiares –que incluyen una lavandería y otras empresas– como camareros o recibiendo a los clientes los fines de semana.

“Es la labor primaria que tiene el negocio y ellos tienen que conocer todas las etapas”, comenta Luis Marino, cuyo objetivo consistía en hacer que sus hijos se enfocaran “en la esencia del negocio”.

Lo hacía cuidando de no explotar a sus hijos. “Una cosa –aclara– es que tú explotes a un menor como si fuera un adulto y otra es que tú, con la consideración y respeto a su dignidad, lo pongas a conocer cómo se producen los bienes”.

Ventajas
El empresario pondera las ventajas de unir familia y trabajo: se desarrollan las capacidades y talentos de los hijos al tiempo de compartir con ellos parte del tiempo dedicado al negocio.

“La familia debe ver el negocio como una oportunidad de acercamiento e interacción”, dice Luis Marino.

Es que, al final de cuentas, el primer lugar le corresponde a ella. Fallar al momento de establecer las prioridades puede dar al traste con la estabilidad hogareña. “Si tú lo estás haciendo todo por la familia –razona–, debes ponerla en primer lugar”.

El concepto de familia para él es amplio. Abarca a los más cercanos colaboradores (“Las sociedades comerciales deberían manejarse como familias”, dice). Y cuando los hijos conocen las interioridades del negocio aprenden a apreciar y respetar a esas personas.

Por algo Luis Oscar ve a los empleados de más experiencia como a tíos, y los restaurantes como un hogar. “Como yo crecí aquí, yo nunca salgo de mi casa”, afirma.

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