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La Vida 21 Enero 2008
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RELIGIÓN
La virgen de la Altagracia y sus favores
PROMESAS, PETICIONES, MILAGROS Y AGRADECIMIENTOS COLMAN LA FECHA
  • Aunque algunos feligreses visitan la Basílica de Higüey durante todo el año para cumplir con promesas, es en el día de hoy cuando se deja sentir con mayor intensidad la devoción.
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Marta Quéliz
marta.queliz@listindiario.com

SANTO DOMINGO.- Con la fiel convicción de que conseguiría la salud de su pequeña hija, Guadalupe Romero ofreció una promesa a la Virgen de La Altagracia. Su accionar no es raro. Muchos devotos acuden a ella para lograr objetivos que, según creen, sólo con el favor de esta santa pueden lograr.

Lo extraño del caso de Guadalupe es que como promesa ofreció llevarse a la mínima expresión su larga y hermosa cabellera y durar un año sin dejársela crecer. Ante su decisión, muchos, que no sabían de qué se trataba el brusco cambio, cuando la vieron transformada, comenzaron a hacer conjeturas.

“Unos decían que yo tenía cáncer, otros que fue en el salón que me lo tumbaron y en fin, muchísimas cosas, pero pocos sabían que todo lo hacía por María Guadalupe, mi niña de tres años que estaba enferma con comienzo de leucemia”.

Afortunadamente la fe una vez más hizo justicia. Antes de cumplido el año de haber comenzado su promesa, los últimos estudios de laboratorio realizados a la pequeña aseguraban que ésta estaba sana y salva. La Virgen de La Altagracia había escuchado los ruegos de su sierva como lo ha hecho con miles de personas que, como Guadalupe, han creído en sus milagros.

La situación obedece a que según el padre Juan José Ibarra, la devoción hacia la Virgen de La Altagracia es cada vez más ferviente, debido precisamente a las tantas formas en las que ella se manifiesta para ayudar a quienes creen en su poder.

Sobre la efectividad de la promesa, comenta que no importa cuán inalcanzable parezca un objetivo, “cuando se pide con fe a Dios o a la Virgen de La Altagracia siempre se tendrá una respuesta. Entonces las promesas surten su efecto, pues son una muestra de que se cree en que dejando de hacer o haciendo algo se va a conseguir el favor pedido”. A partir de ahí, surgen los milagros.

MILAGROS
La fe que hoy profesa Juan de la Cruz a la Virgen de La Altagracia tiene un motivo de peso. Asegura que fue ella la que salvó a su madre en un terrible accidente.

Cuenta que todo ocurrió cuando, de regreso a la Capital procedente de Ocoa, la guagua en que viajaban los dos se volcó y “ella fue una de las más afectadas. Cuatro de los que estaban cerca de ella murieron instantáneamente, y creíamos que ella también había fallecido”.

Continúa su relato: “Cuando me acerqué llorando, ella paró la cabeza y atinó a decirme ‘no te preocupes, mi hijo, que yo no me voy a morir, la Virgen de La Altagracia me protegió’”.

“A partir de ahí, soy un ferviente creyente en la Virgen y no sólo voy los 21 de enero a visitarla, sino que voy con mi madre hasta cinco veces al año y le doy gracias por lo que hizo por mi madre hace siete años”, puntualiza.

Las promesas a la Virgen de Altagracia
Hoy, como todos los años, un grupo enorme de peregrinos llegará hasta la Basílica de Higüey para ofrendarle a la Virgen de La Altagracia, el sacrificio que han hecho, por conseguir de ella algún favor.

Sí, se habla de sacrificio, porque son muchos los que le prometen a la Santa, hacer tal o cual cosa, con tal de conseguir de ella la salud, una casa, una reconciliación, dejar un vicio o cualquier otro favor que se ve imposible de conquistar.

Precisamente esa creencia en La Altagracia, según el párroco Juan José Ibarra, es la que hace que cada vez más personas se aferren a la Virgen, llegando incluso a retribuirle con ofrendas y fe todo lo que ella hace por quienes creen en su poder y protección.

Explica que lo mejor es que los feligreses saben guardar la distancia entre la Virgen y el Todopoderoso. “Es decir, el hecho de que una persona acuda a ella para conseguir un favor no se traduce en que esa persona no cree en Dios, simplemente es que está consciente de que ella también es milagrosa porque pertenece al reino de Dios”.

Admite que han sido muchos los milagros hechos por la Virgen de La Altagracia, y eso hace que se dé como una especie de círculo vicioso. “Mientras más favores cumplidos veo, más me aferro a ella”, puntualiza.

Dice que la devoción sencillamente se propaga por la ocurrencia de los milagros, los cuales se obtienen cuando se posee una fe inquebrantable “y el dominicano tiene ese tipo de creencia. De verdad que es increíble cómo aquí se sigue, se quiere y respeta a esa Virgen”.

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