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La República lunes, 17 de julio de 2017
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MUJERES QUE APUESTAN AL CAMBIO

Un llamado a no rendirse

CRISTINA FRANCISCO DEFENSORA DE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD

  • Un llamado a no rendirse

    Acciones. Desde el Cimudis más de 900 mujeres con discapacidad y sus familiares son orientadas y capacitadas en diferentes áreas a fin de que puedan desarrollarse económicamente.

  • Un llamado a no rendirse
Katheryn Luna
Santo Domingo

“Las personas con discapacidad no tienen que rendirse”, es la exhortación que hace Cristina Francisco Reyes, consejo que se dio a sí misma cuando a los nueve años quedó sujeta a una silla de ruedas producto del impacto de una bala perdida.

Sus esfuerzos se han concentrado en ayudar a que la población con discapacidad deje de ser invisible y que puedan tener las oportunidades y derechos tan fundamentales como el acceso a la educación y la salud.

La dama de 53 años, una de las diez “mujeres que cambian el mundo 2017” del banco BHD León,  ha sido defensora de los derechos de la población con discapacidad, fundando la Asociación de Personas con Discapacidad Físico-Motora en 1983 y el Círculo de Mujeres con Discapacidad (Cimudis) en 1998.

Con la idea que el sector se empodere, tenga mayor participación y oportunidades de educación surgió el Cimudis, integrado por 900 mujeres, 600 de ellas en el Gran Santo Domingo.

De acuerdo con Francisco, son muchas las barreras que las personas con discapacidad deben de enfrentar, lo que hace que las oportunidades sean escasas.

 Por esa razón desde el círculo se han firmado acuerdos con instituciones como Plan Social de la Presidencia y el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP),  a fin de brindar capacitación a cientos de mujeres con discapacidad y sus familias. 

“Una de las principales barreras que  tienen las personas con discapacidad es poder movilizarse,  ir a la escuela, hospitales, trabajar; el tránsito es caótico para cualquier persona, mucho más difícil para alguien en sillas de ruedas porque no hay un transporte accesible”, asegura.

Es por eso, reitera,  se comenzó a formar a mujeres con diferentes tipos de discapacidades, en diferentes talleres de manualidades con materiales reciclados, bisutería, reparación de electrodomésticos, preparación de bocadillos y otros, a fin de que puedan aprender un oficio y poder desarrollarse económicamente.

Las 900 mujeres no solo aprenden un oficio en las instalaciones del Cimudis, sino que son orientadas en conocer sus derechos. “Lamentablemente el sistema no está estructurado para ese apoyo”, considera.

También reciben ayuda aquellas personas que sufren lesiones permanentes producto de accidentes de tránsito y aportan a las familias para hacer adecuaciones en las viviendas y también participar en cursos de vida, independiente de donde les enseñan a cómo andar en sillas de ruedas o usar el bastón blanco.

 Su historia

“Yo estaba jugando con otros niños y mis hermanitos en la acera y unos militares pasaron corriendo detrás de unos chicos y dispararon”, cuenta al recordar aquel día en que cambió su vida para siempre.

Tenía nueve años y vivía en el sector Villa Consuelo y quedar con una discapacidad a esa edad le resultó difícil y le imposibilitó por mucho tiempo sueños que quería cumplir. “Fue a una edad que uno brinca, corre, hace de todo, de manera que desde que me pasó ese accidente mi vida cambió completamente, porque de estar caminando y haciendo una vida normal me vi confinada a una silla de ruedas de manera que todo ese proceso hizo cambiar en mí muchas cosas también”.

Su primera limitación fue estudiar porque sus padres eran muy pobres y no había vehículo que pudiera trasladarla a la escuela, además de que el centro no tenía condiciones a nivel estructural que le permitiera acudir.

A pesar de las duras pruebas, Cristina Francisco se rehabilitó y se integró a grupos deportivos y participó en competiciones de atletismo para personas con discapacidad en países como  México, Puerto Rico y Venezuela.

Es en una de las competencias deportivas que comienza a conversar con otras personas con discapacidad  y conocer leyes de otros países a favor de esa población y despertó el interés de que en su nación también existieran normativas que condujeran a trasporte accesible y edificios escolares  y de salud con las adecuaciones necesarias.

Cristina  estudió, pese a muchas barreras que enfrentó, administración y arte. Hoy se especializa en derechos humanos. La dama se casó, procreó dos hijos y tiene dos nietos.

Su mensaje

“Independientemente del tipo de discapacidad y de la condición, la persona con discapacidad  no debe rendirse. El hecho de ser minusválido no significa quedarse en el último rincón de tu casa, tienes que salir, luchar, batallar y exigir tus derechos de trabajar, formarte y tener una familia igual que las demás personas”, es el mensaje de Cristina. 

Sostiene que la discapacidad cambia la vida, pero no la detiene, por lo que llama a ese sector a integrarse a grupos asociativos, como los que dirige para luchar juntos para que el país sea más accesible e inclusivo.

“Transporte accesible y gozar de los mismos derechos, no privilegios, que si te puedes montar en una Omsa, yo también”, indicó.

Estar entre las diez “Mujeres que cambian el mundo” le alegró, porque se reconoció un sector que no estaba siendo tomado en cuenta, así como la labor y el trabajo que hace Cimudis.

“Vi eso como la oportunidad de poder sensibilizar al sector y dar a conocer el trabajo, y que la sociedad sepa que existimos”, aseguró Francisco.

Recursos 

Cimudis tiene integradas 900 mujeres en todo el territorio naciona, de esas 600 están en Santo Domingo, y el resto en núcleos ubicados en  San Pedro de Macorís y Azua.

El Círculo de Mujeres con Discapacidad tenía presencia en otras zonas del país, pero por falta de recursos se tuvieron que cerrar las oficinas. Esos núcleos de apoyo estaban en Jarabacoa, Pedernales, Barahona y otras zonas.

 “Se requieren oficinas en esos lugares porque mientras más alejadas están de la zona metropolitana, menos apoyo y orientación y formación reciben”, dijo. Cimudis cuenta con solo siete personas para el trabajo que realizan, así como facilitadores que son enviados por instituciones que les apoyan.

LA BALA

Cristina Francisco fue impactada por una bala perdida a la edad de nueve años, cuando jugaba con sus hermanos frente a su casa.

Apoyo

El CIMUDIS solamente recibe unos 80,000 pesos mensuales, recursos que no son suficientes para las acciones que lleva a cabo el círculo, y el trabajo que realizan las personas es prácticamente voluntario.  

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