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31 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 8:05 PM
La República 17 Febrero 2013
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SOLIDARIDAD

La naturaleza les negó una vida normal

UNA ESTUFA Y UN FREEZER, ADEMÁS DE UN APORTE ECONÓMICO DEL GOBIERNO, ES LO QUE ENCABEZA LA LISTA DE PRIMERA NECESIDAD
  • Dilema. Algunos de los que residen en el Hogar Luby viven encerrados en su propio mundo. Sus discapacidades psicomotoras no les permiten desarrollar una vida común

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Isabel Leticia Leclerc
Santo Domingo

Mientras la niebla compite con el sol, sus rostros y expresiones de cariño se imponen exhibiendo una luz radiante. La atención más mínima les llena de emoción. Sus semblantes en vez de producir lástima emulan la ternura más profunda, y sus sonrisas abundantes no se hacen esperar.

En el interior de aquel espacio donde 42 personas, entre adultos, jóvenes y ancianos conviven por años, se respira un aliento de amor y vocación. Sus limitaciones físicas y mentales no son una barrera para que puedan expresar sus sentimientos y deseos, a pesar de todo lo que les ha tocado vivir. Con la paz que transmiten le agradecen a la vida.

Sentado en su silla de ruedas en la galería del Hogar Luby, institución que alberga a personas especiales, Agustín extiende la mano para saludar llenando sus ojos de esperanza. Con lentitud y prudencia articula unas palabras. 

“La gente que tenga corazón humano para que vengan a ver la labor que aquí se hace. Que el señor presidente Danilo Medina nos tome en cuenta, necesitamos mucha ayuda, pero tenemos que buscar gente de buena fe, que tengan ese amor de Dios y esa voluntad para que este hogar siga caminando”.

Los años en el lugar han transcurrido tan rápido, que Agustín con su discapacidad psicomotora, no recuerda el tiempo que tiene allí. Lo que no puede dejar de exteriorizar el compositor de canciones es el afecto y las atenciones que ha recibido desde que sus padres murieron y encontró en este lugar su mayor refugio. 

Su deseo inmediato es que el jefe de Estado pueda visitarlos. “Necesitamos de su mano amiga Presidente, para que esté un rato con nosotros y sepa las necesidades que tenemos”, exclamó.  

El joven Aneudy, de 31 años, quien dice haber llegado al centro a la edad de cinco años, vive sus días postrado en una cama sillón de ruedas, producto de su pequeña estatura, su peso y su imposibilidad para desplazarse.

Sin embargo, su condición no le evita sostener una sonrisa. “Me siento bien gracias a Dios, tranquilo. Aquí dan clases, comparto con los muchachos”.

La mayoría de los que allí residen no tienen parientes, la casa es su hogar y los que ahí habitan su familia; entre ellos las expresiones de hermandad y cariño son evidentes. 

Origen
Estos y otros casos son frecuentes en el Hogar Luby, que opera en la calle doctor Defilló número 8, en Bella Vista, desde hace más de 25 años, bajo el mandamiento de “servir y amar a todos”.

Su directora, involucrada en este proyecto benéfico desde su nacimiento, Lubian Amaro,  cuenta las vicisitudes y tormentas que han enfrentado. “Hemos tenido muchas dificultades pero las hemos vencido, como dice el Señor; hemos sobrevivido gracias a Él”, apuntó.

El centro nace a raíz de la muerte de una hija de dos años que padecía problemas del  corazón. El Señor tenía un propósito con esa niña; él me la dio y me la quitó...”. Desde entonces su preocupación por ayudar a quienes padecen de discapacidades se hizo su prioridad, visitaba enfermos y personas muy pobres y ahí encontró sus primeros beneficiarios.

Para dar vida a este proyecto empezó a vender sus propias cosas, su ropa y hasta zapatos. “Cuando salí a buscar casa se me iban todas de las manos cuando yo decía para que era. Un día tuve que mentir, conseguí una casa y dije que era para vivirla”, recordó.

Precariedad
Las necesidades básicas del centro benéfico quedan resumidas en un “freezer”, pues el que todavía está en la cocina, en desuso, tiene casi 25 años  y “no da más”. Una estufa destartalada en una esquina, que solo fabrica óxido, fue sustituida por una prestada. 

Los alimentos y medicamentos escasean y Luby no sabe qué hacer. Solo sigue confiando en el Todopoderoso y su misericordia, que le ha dado fuerzas para resistir los años. No quisiera materializar la idea de que el humilde local cierre sus puertas. Colchones, ropa y productos de higiene para el uso diario, también ameritan ser reforzados. “No podemos más, necesitamos ayuda”, exclamó.

Después de más de dos décadas brindando amor, apoyo y seguridad a más de 2,000 personas, Luby teme que su misión esté a punto de concluir, pues lo pocos recursos económicos con los que cuentan para sostener el centro se esfuman cada día más. “Cómo hay personas que no pueden compadecerse de ellos. Seríamos cobardes si lo hubiésemos cerrado; no lo cerramos porque tenemos fe, coraje y fuerza de voluntad para seguir luchando”, expresó.

La dama hace un llamando al presidente Medina y a las autoridades a que sensibilicen sus corazones y conozcan de cerca la historia de la institución. “Lo más importante es que el Gobierno nos ayude con una subvención para poder seguir subsistiendo y seguir brindándole amor, cariño, educación y todo lo que merecen este tipo de personas”.

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UN EQUIPO QUE DA COLOR A ESTA OBRA BENÉFICA

Unas 17 personas integran el grupo que con amor se une día a día a esta causa social, entre estos enfermeras, médico general, psiquiatra, médico familiar, maestra especial, profesora de manualidades, encargada de recreación, cocinera, jardinero y personal de apoyo. “Necesitamos una terapista y todo esto se resuelve a través de dinero” advierte doña Lubian, a quien los años no le cierran las puertas del trabajo.

Las atenciones de estos seres especiales debe ser como su nombre lo indica.

El local de dos niveles acoge en el primer piso las habitaciones de los hombres, una amplia galería, donde se recrean mirando televisión, la cocina, una escuelita, un mini consultorio, un comedor modesto y una capilla pequeña donde suelen realizar cultos a Dios.

El segundo piso está ocupado por 27 mujeres que conviven como hermanas, las que reciben clases de manualidades, y aprenden a elaborar detalles para el cabello desde sus sillas de ruedas. Sienten que la falta de movilidad en sus pies no les imposibilita el deseo de aprender y de conocer.

Mientras las más adultas y enfermas reposan en sus camitas o se reúnen en un sillón como muñecas compartiendo sus historias.

Razones Las secuelas de poliomielitis y meningitis son los casos más comunes en el hogar, pero también los hay de síndrome de Down, retraso psico-motor y problemas psiquiátricos.

Según explica la a doctora Massiel Martínez, quien labora en el centro, los medicamentos son solo utilizados para controlar convulsiones cuando se presentan, ya que dentro de su cuadro se mantienen normales. “Necesitamos ayuda, tenemos muchas deficiencias en el hogar”, advierte.

Doña Lubian Amaro muestra con sus ojos llorosos el deseo de que esta acción de amor al prójimo continúe su curso, haciendo que otras personas reciban allí el calor de la familia que la vida les ha negado.

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