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La República 29 Enero 2013
Comentarios 1 - último digitado en 29 Ene a las 8:12 AM
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HOMILÍA
Cardenal pide orar por  el país que Duarte soñó
¿QUÉ DIRÍA DUARTE DE ESCANDALOSOS PECADOS QUE PULULAN EN NUESTRO PAÍS?
  • El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez ofició una misa por la Patria al cumplirse el bicentenario del nacimiento del patricio Juan Pablo Duarte.
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1.-Se cumplen hoy doscientos años del nacimiento de Juan Pablo Duarte, a quien el pueblo dominicano debe perpetua gratitud por su vida ejemplar, por su abnegación, por su auténtica fe cristiana y sobre todo por los grandes sacrificios que se impuso para lograr la independencia de la República Dominicana junto con los Trinitarios.

Me consta que nuestro amadísimo pueblo tiene programadas múltiples actividades a lo largo del año 2013. Puede decirse que todas las instituciones del país, comenzando por las gubernamentales, culturales, deportivas, académicas, sin excluir obviamente las religiosas quieren honrar a este hombre excepcional.

Como ha sucedido siempre con los grandes hombres de la historia, su vida es un estímulo y un compromiso para los pueblos en cuyo seno han nacido, particularmente los pueblos como el nuestro que han vivido innumerables pruebas, calamidades y humillaciones, que son parte de nuestra accidentada vida republicana.

Así he pensado que la mejor forma de honrar a Duarte, a quien recordamos con veneración, es orar por la Patria que él soñó.

Por esa razón he querido celebrar esta misa por la Patria, que mucho necesita nuestra oración sincera y confiada.

Me consta, además, que en todas las Diócesis de la República Dominicana se tendrán celebraciones similares en esta fecha.

Las lecturas escogidas para nuestra Eucaristía están tomadas, en primer lugar, de la carta de San Pablo a la comunidad cristiana de Colosas, pequeña ciudad de Frigia en la provincia romana del Asia Menor.

Muy bien podemos aplicarnos los habitantes de la República Dominicana hoy los consejos que daba el gran Apóstol a aquella comunidad. Allí había un conglomerado humano muy diverso: “judíos y gentiles, bárbaros y escitas, esclavos y libres”, obviamente cambiando las circunstancias de lugar y tiempo, y la composición de la comunidad.

Un comportamiento verdaderamente cristiano es el resultado de una transformación radical que afecta al creyente en su dimensión individual y social, equivale a despojarse de lo caduco y revestirse de una nueva manera de ser y estar en el mundo.

Este constante despojarse exige seriedad y compromiso, actitud a la que San Pablo alude con la expresión “hagan morir en ustedes todo lo terrenal”.

La idolatría del sexo y del dinero, los “dioses” principales de la sociedad corrupta de entonces ñy de la de hoyñ, van siempre juntas en la lista de vicios que fustiga el Apóstol.

A continuación arremete San Pablo contra los pecados que destruyen la armonía de las relaciones mutuas: “el enojo; la pasión, la maldadÖ la mentira”. Todo esto pertenece a la vieja condición, al hombre viejo.

Leyendo esta página me pregunto, ¿qué diría Juan Pablo Duarte de la ola de bandolerismo, pandillas, violadores, criminales, ladrones, rateros, y otros escandalosos pecados que pululan en nuestra geografía nacional?

A aquella sociedad pagana San Pablo tuvo el coraje de presentarle el ideal auténticamente revolucionario del mensaje evangélico que no es mera utopía sino que se está llevando a cabo gracias a una fuerza infinitamente más poderosa que todo el poder desencadenado por las incontables revoluciones políticas, sociales e ideológicas que han agitado el mundo, dejándolo la mayoría de las veces peor de lo que estaba.

En el evangelio proclamado nos encontramos con la hermosa página de las Bienaventuranzas, el primero de los muchos discursos pronunciados por Jesús hace dos mil años.

Nadie jamás ha podido presentar un programa de vida comparable con el Sermón de la Montaña.

Ahí ha quedado con la sencillez, transparencia y estimulante verdad con que fue pronunciado.

Sin olvidar, además, que el Señor concluyó esta gloriosa página con estas categóricas y confortantes afirmaciones: “Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos porque su recompensa será grande en el cielo”.

A los que se creen grandes y poderosos, con asombrosa capacidad para mentir, engañar, extorsionar, corromper y pervertir que no olviden que alguien los está observando y oportunamente les dará su merecido.

Los que están sometidos a los criterios del mundo creen que sus acciones, reñidas con la verdad y la justicia, prevalecerán indefinidamente. Les garantizo que no será así, ahí está la historia, maestra de la vida, que enseña lo contrario.

2.- Sería hermoso en ocasión como ésta recorrer la vida del Padre de la Patria.

No lo podemos hacer, pero quiero invitarles a aprovechar la literatura de que disponemos para conocer y dar a conocer a las presentes y futuras generaciones quién fue Duarte, qué hizo, qué enseñanzas nos dejó, cuál es el legado moral y patriótico que hoy debemos recoger al celebrar el Bicentenario de su nacimiento. Esa será nuestra tarea en el presente año.

Abrigo la esperanza de que la República Dominicana soñada por él, a través de las instituciones a que me he referido, haga un gran esfuerzo por mantener viva la llama patriótica que inspiró su ejemplar existencia.

En una ocasión tan singular como la presente no quiero dejar de recordar el elocuente, vibrante y emocionado discurso pronunciado bajo estas mismas bóvedas, casi cinco veces centenarias, por mi predecesor en la heráldica Sede Metropolitana de Santo Domingo, el gran Arzobispo Fernando Arturo de Meriño.

Sabemos que Duarte había muerto en Caracas el 15 de julio de 1876 y sepultado en aquella ciudad.

Pero ya en 1879 el Ayuntamiento de Santo Domingo inició el proyecto del traslado de sus restos a nuestra Ciudad Capital.

Efectivamente, el 27 de febrero de 1884, aniversario de la Independencia, los restos de Juan Pablo Duarte fueron inhumados en la Capilla de Nuestra Señora de La Altagracia, también conocida como Capilla de Los Inmortales, por las grandes figuras que habían sido sepultadas en ella.

A propósito de la muerte de Duarte y su traslado a Santo Domingo, permítanme, como homenaje a su Bicentenario, citar la parte final del brillante y extenso panegírico de Monseñor Meriño:

“Preparado cristianamente y bajo el cariñoso abrigo de los puros afectos de su familia desolada, entregó su espíritu al Señor en la Ciudad de Caracas el día 15 del mes de julio de 1876, a los 63 años de edad.

Educado en la piedad religiosa, guardó siempre intacto el tesoro de su fe y acudía al Señor en las congojas de su corazón. En su grande alma mantuvo altar para Dios y para su patria, y así sus virtudes cívicas llevaban el suavísimo perfume de sus virtudes cristianas.

Y ponía también su confianza en el patrocinio de la Virgen llena de gracia, cuya imagen colgara de su cuello en días de zozobra su madre atribulada. Reliquia preciosa, señores, que llevó siempre con devoción y filial amor y que hoy me envanezco de poseer como el más tierno recuerdo del amigo muerto.

¡Oh sí! Dios le bendijo en su muerteÖ

Más he aquí, señores, al mártir proscrito que vuelve ya en brazos de la gloria a reposar en la tierra de su amor. El espíritu patriótico se ha inclinado sobre sus huesos áridos y los ha llamado de la extranjera hospitalaria tumba en que yacían para destinarlos a recibir perenne tributo de veneración de nuestras generaciones.

Volviste, ilustre varón, volviste al cabo de ocho lustros de dolorosa ausencia con toda la honra que te merecieron tu abnegación y sacrificios y tu ferviente patriotismo. Digno eres de la apoteosis con que tu pueblo ensalza las grandes virtudes que en ti resplandecieron.

Acudid, manes venerandos de Sánchez y Mella y Pina y Concha y Pérez y de tantos beneméritos patriotas muertos, y exultaos en este día de vuestro triunfo. Erguid la ennoblecida frente que llevó apacentado el sublime pensamiento de la Independencia y Libertad de la Patria, puesta la confianza de su realización en el Dios de las Misericordias.

Todos cabéis aquí con holgura en el santuario del reconocimiento y todos tenéis mucha parte en los honores que tributamos al eminente ciudadano que elegisteis por caudillo. Compañeros fuisteis en los días de las persecuciones y de los peligros: la gratitud nacional os une en este gran día de los homenajes y de las alabanzas.

De este ilustre Ayuntamiento y del actual Gobierno sea toda la prez por tan dignísima reparación.

Enmudezca ahora la lengua, señores, y recójase el espíritu a meditar en las vanidades de los juicios humanos y en la infalible justicia de Dios. El que ayer fue abatido es hoy ensalzado: la víctima se alza por sobre sus victimarios, dignificada con las ejecutorias de la inmortalidad.

¡Oh sepulcro amado que has de encerrar para siempre estos preciosos restos! Humíllese ahora y que postrado ante ti el monstruo de la discordia civil. Salgan de tu seno voces salvadoras que inspiren la conciencia de todos los ciudadanos, moviéndoles al cumplimiento del deber, y sé prenda de perpetua felicidad para la República.

¡Padre de la Patria! En el Señor y en ella descansa en paz!”

Los restos de Duarte permanecieron en esta Catedral durante sesenta años hasta el 27 de febrero de 1944 en que fueron llevados a la Puerta del Conde.

El 15 de julio de 1976, centenario de la muerte de Duarte, los restos de los Padres de la Patria fueron trasladados al mausoleo construido en el parque Independencia donde hoy reposan.

¡Paz y gloria para ellos en el Bicentenario de Juan Pablo Duarte!

La Patria agradecida hoy los recuerda y los enaltece.

Amados de Dios y de los hombres, su memoria es una bendición.

 

COMENTARIOS 1
Comentó: aguila12345
De: República Dominicana
Los héroes y salvadores, maestros, sacerdotes, pastores y gurues, no son necesarios para la redención y el mejoramientos de los seres humanos. Lo es la revolución de la mente los seres humanos unica y exclusivamente.
29 Ene 2013 8:12 AM
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