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26 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 2:21 AM
La República 21 Enero 2013
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Recuerdan oración de Juan Pablo II por la Altagracia

  • Visita. Juan Pablo II escucha atento un discruso del entonces presidente Joaquín Balaguer durante una de sus visitas al país.

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Victor Grimaldi Céspedes
Italia, Roma

Juan Pablo II tuvo una atención especial para República Dominicana desde el mismo inicio de su pontificado. Su primer viaje al exterior fue en enero de 1979, llegó a Santo Domingo y ofició entonces una misa ante quinientas mil personas en la Plaza de la Bandera de la capital dominicana.

Este Papa viajero regresó en 1985 a nuestro país, si bien luego su estadía más larga en Santo Domingo tuvo lugar en 1992, cuando fue recibido por el Presidente Joaquín Balaguer.

A quienes le visitaban generalmente les comentaba años después las impresiones que causaba aquel Presidente con una memoria extraordinaria y gran capacidad de pronunciar discursos. Hace poco un importante cardenal italiano me preguntaba a mí sobre esa personalidad llamada Balaguer, y le envié luego un ejemplar de mi libro “Balaguer Subiendo al Poder” publicado en 2009.

Buscando detalles, a propósito del tercer viaje del Beato Juan Pablo II a Santo Domingo, reproducimos a continuación la Oración que le dedicó a Nuestra Señora de la Altagracia cuando consagró el santuario en su visita a Higüey el día lunes 12 de octubre de 1992 al cumplirse 500 años del inicio del Descubrimiento y la Evangelización en América.

1. Dios te salve, María, llena de gracia: Te saludo, Virgen María, con las palabras del Ángel. Me postro ante tu imagen, Patrona de la República Dominicana, para proclamar tu bendito nombre de la Altagracia. Tú eres la “llena de gracia”, colmada de amor por el Altísimo, fecundada por la acción del Espíritu, para ser la Madre de Jesús, el Sol que nace de lo alto. Te contemplo, Virgen de la Altagracia, en el misterio que revela tu imagen: el Nacimiento de tu Hijo, Verbo encarnado, que ha querido habitar entre nosotros, al que tú adoras y nos muestras para que sea reconocido como Salvador del mundo. Tú nos precedes en la obra de la nueva Evangelización que es y será siempre anunciar y confesar a Cristo“Camino, Verdad y Vida”.

2. Santa María, Madre de Dios: Recuerdo ante tu imagen, en este 12 de octubre de 1992, el cumplimiento de los quinientos años de la llegada del Evangelio de Cristo a los pueblos de América, con una nave que llevaba tu nombre y tu imagen: la “Santa María”. Con toda la Iglesia de América entono el canto del “Magnificat”, porque, por tu amor maternal, Dios vino a visitar a su pueblo en los hijos que habitaban estas tierras, para poner en medio de ellos su morada, comunicarles la plenitud de la salvación en Cristo y agregarlos, en un mismo Espíritu, a la Santa Iglesia Católica. 

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