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Las Mundiales 9 Diciembre 2012
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REPORTAJE
Las puertas de la educación se abrieron para una soñadora de 18 años en Maryland
GRACIAS AL ACTIVISMO Y A LA SOLIDARIDAD DE CIENTOS DE PERSONAS
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Riamny Méndez
Maryland, Estados Unidos

Era una niña cuando viajó durante un mes por la ruta de la inmigración irregular entre El Salvador, Guatemala y México. Recuerda que tenía mucho miedo, y que en ocasiones se trasladaba a pie junto a otras personas. Sus padres no la acompañaron durante la travesía. Para ese entonces ya vivían en Estados Unidos.

Su nombre es Verónica Saravia. Hoy tiene 18 años y es una de las primeras 500 personas que según estimaciones de Casa de Maryland, se beneficiarán durante el primer semestre de 2013 de la ley estatal que permite a los hijos de inmigrantes sin documentos pagar la matrícula universitaria al mismo precio que otros ciudadanos, y que entró en vigencia el 6 de diciembre. 

Ella celebra el triunfo con esperanza y pasión porque ha sido muy difícil el camino que la condujo desde El Salvador hasta las puertas de la educación universitaria en Estados Unidos.

De esa primera travesía como viajera indocumentada, recuerda: “Yo tenía diez años y mi hermano ocho. Fue una experiencia bien fuerte. Me dejó con unos cuantos problemas emocionales. Hubo un momento en el cual nos separaron para poder cruzar. Yo llevaba tres días sin saber donde estaba cuando me dijeron que mi hermano había pasado. Cuando llegó mi turno me agarró inmigración y desde entonces cargo una carta de deportación. Mi familia y yo nos hemos movido de lugar varias veces por el miedo a que llegara ´la Migración´ y me mandaran al Salvador”, dice.

Cuenta que sus padres tomaron la decisión de que sus hijos hicieran ese viaje porque estaban aterrorizados debido a la violencia entre pandillas de su país natal.

“En La Unión (departamento de El Salvador) había mucha violencia. Una vez nos levantamos y escuchamos que una persona había sido decapitada cerca de la calle donde vivíamos. Nos trajeron para que no viviéramos en esa violencia”, explica.

Asegura que ya ha superado su historia y quiere estudiar sicología para ayudar a niños que pasen por dramas como el suyo u otro tipo de traumas.

La Ley
Saravia también celebró su aceptación en “Montgomery Community College”. Vive el triunfo como una victoria individual y colectiva. Es la primera persona de su familia en entrar a la universidad, lo que se considera un gran orgullo entre las personas de clase trabajadora de Estados Unidos. También fue una de las activistas que junto a descendientes de latinos, africanos, europeos y otros grupos dieron la batalla para que Maryland se convirtiera en el estado número 11 en legislar su propia versión del “Dream Act”, ante las dificultades para que se apruebe una reforma migratoria que resuelva el problema de los “soñadores” a nivel federal.

Pero, ella todavía se encuentra en desventaja con los estudiantes que tienen la ciudadanía estadounidense. Explica que debe pasar 60 créditos en un colegio comunitario (community college), antes de aplicar a una universidad, aunque su promedio, de 3.0, le da la oportunidad de competir directamente por una plaza en varios centros de educación superior. Otro reto: conseguir trabajo para costear su matrícula. Cada crédito le cuesta entre US$200 y US$500. Sus padres no tienen suficiente dinero y ella espera por su permiso de trabajo.

A pesar de todas las dificultades por las que ha pasado, entre ellas, el haber asistido durante un tiempo a una escuela secundaria que no goza de buena reputación, enfatiza que ha valido la pena su carrera hacia el sueño americano. “Claro, ha valido la pena, ahora tengo un futuro”, dice convencida, antes de reunirse con unos diez jóvenes activistas de origen latinoamericano, africano y europeo, que ahora deben planificar cómo unirse a la lucha por la reforma de la ley de inmigración a nivel federal, y cómo ayudar a los futuros soñadores a entrar a las universidades.

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