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30 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 8:57 AM
Entretenimiento 23 Febrero 2013
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DÍAS DE CINE

‘La noche más oscura’

INTERCALAR LAS ESCENAS CON LAPSOS BREVES DE OSCURIDAD TOTAL O CASI TOTAL IMPRIME A LA SECUENCIA UNA INTENSIDAD ENORME
  • Zero Dark Thirty. Protagonizada por Jessica Chastain, Joel Edgerton, Chris Pratt, Kyle Chandler, James Gandolfini, Mark Strong.

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Armando Almánzar R.
Santo Domingo

“Zero dark thirty”, para comenzar, es uno de los filmes más honestos que hemos visto en estos últimos meses.

Pero seriedad, en el presente caso, no es únicamente el detalle que se evidencia en la exposición de eso que tanto se empeñaron en negar los del gobierno de Bush y los chicos de la CIA, o sea, las torturas a numerosos prisioneros combatiente o no, sino por otro aspecto que es mucho más importante en materia de cine, de Arte en términos generales: su creadora, Kathryn Bigelow, prescinde casi totalmente de ese tipo de ingrediente que es común en las películas de “acción” y que es, precisamente, eso: la acción, léase escenas de batallas, ataques fieros y apabullantes con aviones o helicópteros, docenas y docenas de muertos y heridos, o sea, ese tipo de escenas y secuencias que emocionan superficialmente, que, esa es la palabra precisa, entretienen al espectador común.

Y, por esa razón, advertimos a esos “espectadores comunes”, que prefieren ese tipo convencional de cine, que “Zero dark thirty” no les va a gustar.

Porque la Bigelow se ha armado con un guión original de Mark Boel, solicitado y aprobado por ella, guión que se basa en cientos y cientos de informes, muchos de ellos secretos, sobre detalles no ya de la guerra contra la “yijad islámica”, sino sobre minuciosos detalles de lo que significó la decisión del gobierno norteamericano de descabezar ese movimiento terrorista, de asesinar a un líder cuya faz era ya común para millones y millones de seres humanos porque, para ellos, la continuidad de su vida y de la dirección de esa lucha terrorista constituía una solemne burla a la nación más poderosa del planeta.

De esa manera, la Bigelow nos lleva de la mano por un terso pero apabullante recorrido por varios países pasando de los lugares considerados seguros para llevar a los prisioneros, dejándonos ver, con repugnancia, las escenas de torturas sádicas expresamente prohibidas por todas las convenciones sobre la guerra en el mundo entero, escenas seguidas por otras donde se muestran los resultados de esa insoportable presión sobre seres humanos indefensos, mezcladas con otras en las que esos esfuerzos resultan fracasos, fracasos que devienen en muerte y destrucción para los agentes, presionados a su vez a su vez por sus superiores porque, años y años pasando, y los resultados eran nulos.

El hilo narrativo se sigue con certeza a través de una simple agente de la agencia, Maya, que en principio se muestra algo asqueada de los procedimientos usados por sus superiores, pero que se percata de que algo hay que hacer. Esa estela de trabajo paciente y de una continuidad a ratos desesperante, se refleja en el rostro de la chica, una mujer en los 30 que no ceja un segundo, que es tozuda y decidida en su trabajo, que va anudando dato tras dato tejiendo esa sutil trama que habría de llevarla a convencer a sus superiores de su certeza sobre la labor que tenía que hacerse.

Brillante es el trabajo de la Bigelow en lo que a la edición se refiere, un devenir pausado pero que no ofrece pausas, respaldado por la formidable labor fotográfica de Graig Fraser y la partitura de Alexandre Desplat, que marca inexorable ese discurrir indetenible de la investigación hasta culminar con unos últimos minutos que son detonantes, que nos dejan suspendidos a la espera de cada minutos, de cada segundo. En principio, pensamos que durante ese ataque final debió verse todo iluminado con esos equipos de visión nocturna, que se vieran todos los detalles del asunto aunque fuera en esa algo difusa tonalidad verde lumínico, pero luego comprendí que intercalar esas escenas con lapsos breves de oscuridad total o casi total imprime a la secuencia una intensidad enorme en lo que se refiere a la expectación sobre lo que está sucediendo.

El reparto, desde el colombiano Edgar Ramírez hasta la estupenda Jessica Chastain, pasando por James Galdolfini, es de una certidumbre perfecta en cuando a caracterización se refiere; si ella sobresale es por su duración en pantalla, pero, insistimos, todos están excelentes.

Recomendable, por supuesto, desde cualquier punto de vista.

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