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20 Octubre 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:19 AM
Entretenimiento 2 Febrero 2013
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“El hombre de los puños de hierro”

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Armando Almánzar R.
Santo Domingo

En efecto, volviendo atrás en el tiempo. Porque, viendo esta pobre historieta escrita por un señor que se firma nada menos que RZA (y que, si fuera por nosotros, podría llamarse Chochueca, qué más da), y que también es el director del asunto, y que también es co-musicalizador, y que también es uno de los actores principales, por un momento se nos escurrió de la mente que estamos en 2013 y en una sala múltiple y no en el Rialto o en el Olimpia, y que veíamos, sin muchas ganas en realidad, una de las varias docenas de cintas chinas de artes marciales en las cuales los héroes y los villanos volaban sobre las casas, rompían paredes con los puños, le sacaban el corazón a cualquier con los dedos o le atravesaban el cuerpo con un puño, minutos y minutos dándose porrazos infernales a pesar de lo cual caían pero se levantaban de nuevo como si nada.

En la presente, según la desbordada destartalada imaginación del tal RZA, en la China feudal, o sea, hace varios o muchos siglos, en una remota aldea unos villanos tienen una enorme fortuna en oro y, por supuesto, los malos se disputan dicha fortuna, pero también los fieles del emperador y hasta un oficial inglés muy gallardo y elegante (como que es Russell Crowe, un actor tan de verdad que nos dio pena verle haciendo payasadas junto al RZA y demás mojigangas). Y, por si acaso, los de la aldea también tienen su participación en el pleito a sillazos (perdón, es que tenía un diario cerca), es decir, a golpes de artes marciales, cuchillos, flechas, patadas, en fin, con todo lo que se puedan imaginar para despanzurrar a un rival, todo culminando como siempre con el cliché del gran enfrentamiento final donde aparecerán los más fuertes, los más hábiles y se irán alternando los careos entre los principales del reparto de los buenos contra los principales de los malos.

Cuando ese instante llegó, una cosa sí podemos asegurarles: ya estábamos tan aburridos, muy a pesar de unos cuantos chistecitos de baja intensidad deslizados en medio del torrente de violencia inútil, que el aburrimiento casi nos hace inclinar la cabeza y descabezar un sueñecito, cosa que tampoco se nos dio porque, como era de esperarse, la algarabía era tan infernal que ni Morfeo hubiera podido dormir

¿La quieren ver? Pues vayan, que no es con nuestro dinero.

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