Entretenimiento 17 Noviembre 2012
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“Medianeras”, hermoso estudio sobre la soledad
Armando Almánzar R.
Santo Domingo

¿Puede acaso decirse que “Medianeras” es una historia de amor? Sí, podemos afirmarlo, muy a pesar de que, de sus 95 minutos, casi 90 lo pasan Martín y Mariana rumiando su soledad, sus traumas sicológicos, su casi completa inmersión en formas diferentes de incomunicación.

Martín diseña sitios para la web y ese trabajo lo hace en su apartamento, y su única compañía es el perrito que le dejó la exnovia. Mariana es arquitecta pero su trabajo es decorar las vitrinas de las grandes tiendas y por ello su única compañía son esos maniquíes que viste y coloca, con uno de los cuales ejecuta nada menos que un “acto sexual”, pero luego decirle (¡sí, al maniquí!), algo como “no le des importancia, fue algo casual”.

Ambos, Martín y Mariana, viven en “cajas de zapatos”, denominación usada por el relator en off para designar esos pequeñísimos apartamentos (unos 40 metros cuadrados) inmersos en la selva de acero y concreto. La ciudad, el barrio donde viven ambos sin conocerse, sin haberse visto nunca, es tan protagonista como ellos, y la voz en off, que remacha sobre la modernidad, sobre el futuro que habrá de vivirse a través de los medios virtuales, se ensaña en sus vidas desoladas y nos hace comprender el durísimo discurrir de sus vidas encerradas, ella que no puede usar un ascensor, que no puede tener una cita con algún conocido después de haber roto con su amante desde años antes; él que no puede usar el colectivo, el avión, el taxi, el subterráneo, que habita, no vive, en su cueva cerrada hasta que, casi al final de la historia, ambos deciden buscar ayuda para abrir un agujero en una de sus paredes y dejar entrar el sol, poder asomarse y observar el mundo agitado que les rodea y condiciona y aturde y temen.

Excelente uso de la banda sonora, la partitura de Gabriel Chwojnik, solos de piano clásicos, y una que otra pieza popular, las interpretaciones de Javier Drolas y Pilar López de Ayala, y el lírico y hermoso movimiento de cámara de Leandro Martínez.

Sí, “Medianeras”, con guión y dirección del argentino Gustavo Taretto, es una historia de amor, pero una historia diferente en la que, a través de dos estupendos personajes, pero, sobre todo, a través de la inteligente puesta en escena que complementa la historia de manera más que eficaz con la uso de la voz en off y los continuos paseos de su cámara sobre el pétreo paisaje de Buenos Aires contemporáneo, una ciudad fría y hostil que alberga soledad, pero también enormes deseos de vivir y amar.

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