SONAJERO

Miedo

Grisbel Medina R.

Antes de las seis de la mañana el señor sale a caminar con un bate. No vive en un callejón ni es vecino de un riachuelo de aguas negras. El caballero en cuestión reside cerca de la urbe bancaria, de los bares de moda, del gimnasio de la socialité. Mucho antes de despuntar el alba, estira sus músculos por la acerca, sin soltar jamás el bate ®por si las moscas®.

Mucho antes de que las encuestas lo midieran, la seguridad ciudadana es la principal preocupación de la gente, de quien va a pie, en bola o transita en automóvil. El miedo a ser o caer víctima de un robo agravado, asesinato por encargo, disparo alevoso o cruel cuchillada está pegado a nuestra piel, tiene carácter nacional.

Hoy en día se convive con el miedo, se organiza la agenda en función del temor a un asalto, un robo, una agresión. La ciudadanía no confía en la gente uniformada que según el librito está en deber de ampararla. Por eso invierte cuantiosos recursos  en escudarse, en resguardar a los suyos, el patrimonio, la vida.

El consejo de instalar dispositivos de alarma en casas y negocios,  la advertencia de no dejar aparatos y carteras visibles dentro del vehículo y cuidado con transitar por zonas solitarias, son parte del amplio rosario de consejos y rutinas a tomar en cuenta para sobrevivir en este camino de cemento y wasatp.

El saldo turbador de hechos delictivos asalta también las primeras planas noticiosas. Y de un tiempo acá periódicos completos. Las buenas noticias escasean. Los héroes anónimos, quienes al proceder generosamente  hacen la diferencia, siguen en la incógnita. La muerte parece ser mejor negocio que la vida. No permitamos que esa industria de miedo nos robe la parte del país que no ha usurpado la política.