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23 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:18 AM
El Deporte 21 Diciembre 2012
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RESUMEN 2012
Una vieja fórmula dio otro título a Gigantes
  • Corona. Los Gigantes de San Francisco se alzaron con su segundo gallardete en los últimos tres años.
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AP
Nueva York

Todo transcurrió en un parpadeo, una conclusión tan rotunda para dejar atónito a cualquiera y que demostró que prenderse en una buena racha durante el mes de octubre en el béisbol de Grandes Ligas es la mejor de las dichas.

Fíjense en los Gigantes de San Francisco, campeones de la Serie Mundial por segunda vez en tres años.

Los Gigantes llegaron a estar 2-0 abajo ante los Rojos de Cincinnati en la primera ronda de los playoffs y luego se encontraron contra la pared 3-1 frente a los Cardenales de San Luis en la serie de campeonato de la Liga Nacional.

Al borde del precipicio, persignándose a un pitcher como Barry Zito que había tocado tan a fondo en su espiral negativa que fue descartado del roster de postemporada que se consagró hace dos años, San Francisco no paró de ganar.

Pasaron la escoba al final, imponiéndose en sus últimos siete juegos del año en los que solo una vez se vieron por detrás en el marcador. Sus lanzadores abridores tuvieron 0.99 de efectividad en ese espacio.

Tan encendidos llegaron al Clásico de Otoño que tumbaron a los Tigres de Detroit, abrumadores favoritos, en cuatro duelos que asemejaron un placentero trámite hasta el momento en el que Sergio Romo le pasó un strike cantado a Miguel Cabrera para el último out.

¿Qué fue lo que les encendió? Se dice que fue el apasionado discurso que el jardinero Hunter Pence dio previo al tercer partido de la serie contra los Rojos, imitado jocosamente por sus compañeros en el vídeo conmemorativo de la Serie Mundial.

“No me quiero ir a casa aún”. Esa fue, esencialmente, la consigna que les dio Pence. El grado de cohesión en su seno fue tan armonioso que ni el golpe que recibieron al perder a Melky Cabrera, el Más Valioso del Juego de Estrellas, al ser suspendido tras dar positivo por dopaje pudo descarrilar su rumbo.

Tampoco se inmutaron cuando los Dodgers, sus rivales de división, se imbuyeron en un frenesí de fichajes (Hanley Ramírez, Adrián González y Josh Beckett, entre otros) tras completarse la venta de la franquicia.

Por enésima vez, se confirmó que los golpes mediáticos que causan las grandes adquisiciones no aseguran títulos, de lo cual pueden atestiguar los Marlins de Miami o los Angelinos de Los Angeles tras quedarse fuera de los playoffs luego de ser coronados reyes del invierno.

Los Gigantes, en cambio, engranaron y fueron imparables. En Baltimore y Oakland, con sus inesperadas apariciones en la postemporada, también presumir de lo mismo.

En un nuevo estadio, el proyecto de Miami se derrumbó tal cual con un humillante último lugar, el piloto Ozzie Guillén fue despedido y la gerencia no titubeó en traspasar a las tres estrellas que habían adquirido unos meses antes (José Reyes, Mark Buehrle y Heath Bell).

En un equipo con una amalgama de actores y personalidades de toda índole, que irradiaban un entusiasmo contagioso, la figura de su regordete tercera base venezolano Pablo Sandoval sobresalió por encima al marcar el compás en la Serie Mundial al disparar tres jonrones en el primer juego, dos ante el as de los Tigres Justin Verlander.

Sandoval se convirtió en el cuarto hombre en la historia (Babe Ruth, Reggie Jackson y Albert Pujols fueron los otros) en sacudir tres jonrones en un mismo juego de Serie Mundial y terminó con promedio de .500 para ser laureado como el Más Valioso.

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