editorial

Marcados por la desesperación

La impaciencia, las ansiedades, la prisa por lograr algo, están imprimiendo un sello de desesperación en el modo de vida cotidiana de los dominicanos.

No hay un motorista o conductor de vehículo que, frente a un semáforo en rojo, tenga la paciencia de aguantar y esperar dos minutos por la luz verde.

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Este es un síndrome extraño, que también se reproduce en las actitudes de quienes se afanan por lograr metas o éxitos, y también riquezas, en corto tiempo.

Con razón, son alarmantes los registros que indican que un alto número de personas están recurriendo a consultas psicológicas para mitigar las secuelas del estrés, los sentimientos de frustración y desesperanza, y otros síntomas.

La ideación suicida, dicen los psiquiatras, cobra espacio en las mentes de muchos, sobre todo de aquellos que entienden que sus vidas “no tienen sentido”, una autopercepción dañina.

La sociedad tiene que curarse de este síndrome.

Es importante promover un cambio de conducta y de pensamiento para encontrar el equilibrio perdido.

Lo primero y esencial es, en cuanto al tránsito, respetar las normas.

Es preciso practicar la paciencia, tomarnos unos momentos para respirar antes de actuar, controlar las velocidades de los vehículos, promover ejercicios de pausas y descanso para así romper el acelerado ritmo de vida que se observa hoy.

Hay que desconectarse, relajarse y cuidar mejor la salud física y mental, sobre todo esta última, que parece haber entrado en trance de desequilibrio.

Con esta vida acelerada que caracteriza a muchos que buscan riquezas y soluciones rápidas a sus problemas, el único remedio a la mano es apelar a las actitudes calmadas y luchar por las metas, sin tanta desesperación ni prisas.