editorial

El nuevo mercado de las pulgas

El mercado de las pulgas ha encontrado un atractivo nicho en el sistema de partidos del país.

Como todo mercado, es un espacio abierto y sin restricciones para la compra y venta de adhesiones partidarias y “lealtades” ficticias, así como para otros trueques a futuro.

Así como predominan las baratijas que llegan en pacas a los tradicionales y verdaderos “mercados de pulgas”, bazares o tiendas de antigüedades, también abundan en el de los políticos las ofertas de cosas usadas o devaluadas que se adquieren a bajo costo.

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Inclusive, hay productos intangibles, como las promesas de empleos, concesiones, contratos o apropiadas remuneraciones que puede ofrecer, como trueque a futuro, algún partido que aspira llegar al poder.

O el que lo ejerce.

Porque no hay impedimentos éticos en el toma y daca, ya que así como existe el libre comercio en el país, en el sistema partidario la premisa que domina estos trueques es la doctrina del “pragmatismo”.

Es decir, la búsqueda de un efecto práctico en lo que se compra.

Y, por lo general, en las campañas electorales los partidos buscan asegurarse la mayor cantidad de votos y los mejores agentes políticos para atraer militantes o líderes de otras parcelas.

Esto último se ha venido haciendo desde hace tiempo en nombre del “eclecticismo político”, una libertad que se dan los partidos para lograr apoyos colectivos o individuales, aunque las apuestas parezcan descabelladas o inviables.

Pero nunca, como ha ocurrido en los últimos ciclos electorales, este mercado de las pulgas había registrado tanta actividad sin que compradores y vendedores se avergüencen de sus tratativas.

Descompletar bloques legislativos, concejos edilicios, comités centrales hasta absorber partidos reconocidos o movimientos políticos subsidiados con el presupuesto nacional, forma parte del juego de oferta y demanda imperante en este nuevo mercado.

Aunque los líderes no se sonrojen por lo que están haciendo, lo cierto es que al fomentar este nuevo mercado de las pulgas están degradando y pervirtiendo una actividad que, como decía el Padre de la Patria, “es la ciencia más pura y la más digna, después de la filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”. 

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