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Lo que empieza mal…

El año escolar ha comenzado tropezando con las mismas piedras del anterior.

Todavía muchas escuelas no están acondicionadas ni aptas para la docencia, a pesar de que mediaron los dos meses de las vacaciones para ocuparse de eso.

Resultado de esa inexplicable demora, miles de escolares han debido quedarse en sus casas tomando “clases virtuales”, hasta que puedan hacerlo de modo presencial.

En otros casos, como el del liceo Germán Martínez Taveras, de Los Ríos, utilizado como plataforma para la apertura del año lectivo, los alumnos acuden por turnos en la semana, uno diferente para cada día.

A este cuadro se agrega el de la falta de suficientes profesores para impartir docencia a una población de 2 millones 604 mil estudiantes, más alta este año que en el anterior.

No todos los estudiantes matriculados están yendo a las aulas o recintos que les corresponden, porque persisten los nudos de los cupos insuficientes.

Aún así, la falla trata de ser enmendada con un remedio que es peor que la enfermedad: metiendo en un aula más alumnos de los que caben en ellas.

Esto contradice las normativas pedagógicas para asegurar una educación eficiente y de calidad.

No todos los estudiantes, que en su inmensa mayoría son pobres o de familias de limitados recursos, han recibido los “kits” con sus útiles de clases.

Y en distintos casos, ni siquiera han disfrutado del desayuno o almuerzo escolar por estas disfunciones, y es ahora cuando están fluyendo unos libros de texto penosamente plagados de errores gramaticales.

Incomprensible esta situación.

Con un ministerio que dispone de un presupuesto de 257,000 millones, estas fallas son totalmente injustificadas.

Ojalá que no tengamos que darle la razón a don Juan Tenorio y su inefable tesis de que “el que mal empieza, mal acaba”.