Editorial 8 Marzo 2013
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Día Internacional de la Mujer
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Luchadora con armas que no hieren, la mujer dominicana tiene de frente desafíos en todos los niveles, pero también logros indisputables en cada renglón de la sociedad. Más que flores, bombones o felicitaciones, las dominicanas necesitan hoy manos solidarias que las acompañen en la conquista de sus sueños.

 Los problemas que enfrentan las mujeres son un reflejo de lo que aqueja a una democracia que pelea por fortalecerse. La equidad, que parece ganada si se mira superficialmente, queda en entredicho si se toman en cuenta algunas estadísticas presentadas por el Observatorio de Ejercicio Ciudadano de las Mujeres en el país: la tasa de desempleo femenino duplica la del masculino, y las que sí laboran ganan 21% menos que sus compañeros.

 En política, a pesar de los progresos que indican -según el Barómetro de las Américas- que más personas apoyan en nuestro país la participación activa de la mujer en el gobierno, de 32 senadurías, sólo cuatro están ocupadas por mujeres políticas; y de 21 ministerios sólo en cuatro ellas son cabeza. Tenemos, sin embargo, una Vicepresidenta de la República por segunda vez en nuestra historia, y ella misma ha planteado recientemente a su partido 14 propuestas para marchar hacia la equidad de género y a la paridad en sus estructuras internas. Avanzamos.

Sin embargo, todo avance queda opacado ante la dramática realidad de la violencia contra las mujeres en nuestra patria. Se estima que, desde 2005, una dominicana pierde la vida cada 38 horas, asesinada por feminicidas que creyeron que ellas eran su propiedad. Mil quinientos ochenta madres, hermanas, hijas, jefas, amigas, empleadas, compañeras que no volverán a respirar porque aún no les queda claro a esta sociedad, y a sus hombres, que el amor no mata y que nadie tiene derecho a apagar una vida.

La conmemoración de este día de luchas y esfuerzos de la mujer por ocupar el espacio que le corresponde en la sociedad debe servir para que todos y todas asumamos el compromiso de cerrar las brechas que impiden el progreso de la mitad de la población. No hay democracia posible sin mujeres con oportunidades, ni bienestar sin una sociedad que erradique la violencia en el hogar.

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