Las ciudades latinoamericanas modernas, para no hablar de las europeas o asiáticas, disponen de líneas subterráneas y superficiales para sus trenes “Metro”, una alternativa para dar mayor y mejor fluidez a la transportación masiva de ciudadanos.
Esas infraestructuras han contribuido a masificar el sistema de transporte público persiguiendo muchos objetivos a la vez: abaratar costos, reducir la contaminación por monóxido de carbono y ruidos, facilitar en menor tiempo el traslado de los usuarios de un lugar a otro y minimizar los entaponamientos en las vías públicas.
En la capital dominicana existen ya dos líneas (la segunda se abrirá al público en breve) y se plantea la idea de una tercera que conecte a ambas con la zona colonial, perfilada para el futuro como uno de los lugares turísticos y de interés histórico más relevantes del país.
Desde el principio hemos sido partidarios y defensores de este tipo de soluciones de transporte, no obstante a que muchos políticos, partidos y grupos de intereses se manifiestan abiertamente contrarios a éstas, aunque sea probable que entre estos opositores figuren innumerables asiduos al uso de esos trenes para trasladarse a sus casas o centros de trabajo.
Lo cierto es que, para la densidad urbana y humana de nuestra capital, la alternativa de los trenes “Metro” tiene mucha validez y pertinencia y el futuro se ocupará de confirmarlo.
Con la enorme cantidad de vehículos de todo tipo circulando día a día por nuestras calles, a su vez estrechadas por los estacionamientos sin regulación en cualquiera de ellas, el tránsito se ha convertido en una tremenda pesadilla. Impera el irrespeto a las normas y eso hace que el manejar o el andar por nuestras vías públicas sea un ejercicio estresante, torturante y riesgoso.
En este contexto vemos con buenos ojos que, así como lo han hecho otras grandes ciudades hermanas, la nuestra siga trabajando e invirtiendo para ponerse a la altura de la modernidad en materia de transportación de pasajeros, abriendo una nueva línea que abarque la zona colonial, conectándola a los demás sectores que ya han sido abarcados por la primera y la segunda.